Trastorno por dependencia de cocaína




El uso de las hojas de coca, arbusto originario de América del Sur tiene una historia milenaria. Se la ha relacionado con rituales mágico-religiosos, usos médicos y como estimulante. En la actualidad, en los países de Los Andes se la utiliza para combatir el mal de altura, atenuar el cansancio y anestesiar el aparato digestivo.

La cocaína, por su parte, es el alcaloide que se sintetiza a partir de la hoja de la coca. Se sintetizó por primera vez en 1850 y fue comercializada como una panacea que podía llegar a otorgar incluso “vitalidad y hermosura”. En 1880 Freud la usa para tratar problemas nerviosos, aunque en estudios posteriores llega a descartarla por sus efectos adversos.

Su diversificación llegó hasta la producción de bebidas, pastillas y jarabes. El caso más popular sin lugar a duda es el de la Coca Cola y su sustitución por la cafeína no ocurrió hasta 1909. Su producción y comercialización se ilegaliza en los Estados Unidos en 2014 y en España en 1944.

Se estima que cerca de 20 millones de personas consumen cocaína en todo el mundo y su producción ha aumentado casi un 60%. El consumo de cocaína se realiza mayormente por vía nasal, aunque puede fumarse o inyectarse.

En la Unión Europea la cocaína en polvo es la droga más consumida después del cannabis. Puede afirmarse que cerca de 10 millones de jóvenes europeos la ha consumido en alguna ocasión y esta cifra llega a alcanzar el 6% de la población general. En España, por su parte la cifra supera la media europea alcanzando el 8% de la población general y sube hasta el 10% en individuos entre 20-45 años.

Desde un punto de vista de género, es más consumida por hombres que por mujeres. Sin embargo, se señala que el tránsito a la adicción en las mujeres es más rápido y les resulta más difícil desengancharse.

El crack, por su parte, es una piedra que se elabora a partir del clorhidrato de cocaína y bicarbonato sódico. Se consume fumándolo y su efecto es inmediato (aproximadamente en 10 segundos). Se la considera como la forma más adictiva y dañina de la cocaína.

Uso, abuso y adicción.

En España su inicio está muy ligado a la diversión en centros nocturnos. Muchos jóvenes la prueban en estos entornos para “entrar en ambiente”. La experiencia subjetiva de inicio es de euforia, sociabilidad y seguridad. En palabras de algunos “apaga el malestar” y “uno se viene arriba”. La persona se atreve a relacionarse con los demás de forma muy distendida y sin inhibiciones, “me siento como el puto amo” o “siento que puedo tocar el cielo” dicen algunos.

La sustancia y su precio ayudan a “hacer amigos”. Un gramo puede ser caro para una sola persona y lo usual es que varias se “asocien” para comprarla. Es un entorno todavía recreativo, donde aún se compra “para compartir”.

Las redes de “amigos” van creciendo, por si alguno falla. Lo curioso es que solo coinciden para consumir. Muchos no son capaces de recordar momentos con estos “amigos” que no sean en consumo. El problema es que la fiesta se va alargando, la noche se convierte en día y el consumo aumenta y continúa. Es en este momento que a muchos el consumo se les va de las manos.

Sin embargo, en este caso lo que fácil viene fácil se va. En un segundo todo “pierde el sentido” al pasar el efecto de la sustancia y la persona se encuentra frente a sí, con sus virtudes y defectos y eso no mola tanto.

Algunos pueden decir “basta ya”, “no quiero esto”, pero otros no y van en busca de otra raya para lograr “tocar el cielo” nuevamente. El principal problema para aquellos que no pueden parar es la tolerancia, el cuerpo necesita dosis cada vez mayores para lograr el mismo efecto.

En palabras de un adicto en recuperación, “comienzas consumiendo para pasarlo bien y con el tiempo terminas consumiendo solamente para que ese bajón no sea tan duro”. Para entender por qué pasa esto, debemos analizar el efecto de esta sustancia a nivel cortical.

Efectos y consecuencias más comunes.

A nivel cortical la cocaína incrementa los niveles de Noradrenalina, Dopamina y Serotonina (en menor medida que las dos primeras). En este sentido, las sobredosis pueden acabar produciendo depresión neurológica y cardiovascular.

La Dopamina, por un lado, puede ser la máxima responsable de la adicción. Ello ocurre por la sensación de euforia que provoca y por su relación con el sistema de recompensa cerebral. Por otro lado, la Noradrenalina está más relacionada con los efectos físicos como el incremento de la presión arterial, sudoración o temblores, entre otros.

Con respecto al sistema cardiovascular el síntoma más molesto para el que consume son las palpitaciones. Muchos adictos con sobredosis pasan muchas horas “comiendo techo”. Estas palpitaciones suelen acompañarse de taquicardia sinusal, hipertensión arterial y/o dolor torácico.

En las pruebas médicas suelen aparecer arritmias e isquemias que pueden llegar a infarto agudo de miocardio. De hecho, es el fallo cardiaco la causa de muerte más frecuente asociada al consumo.

Con respecto al sistema nervioso, los pacientes son remitidos por inquietud o agitación. En otros casos provoca convulsiones y coma de forma aguda. En el consumo crónico es también observable un deterioro cognitivo leve, con afectaciones crónicas de la plasticidad neuronal. Por último, aumenta el riesgo de traumatismo craneal y accidente cerebrovasculares.

Otros síntomas que se pueden destacar suelen ser sudoración fría, sequedad bucal, vómitos y dolor muscular. También suele ser causa de cuadros de ansiedad, agresividad, agitación, paranoias, compulsiones, ideas delirantes o cuadros psicóticos.

El consumo de cocaína también está muy relacionado con los accidentes de tráfico. Los datos de la Dirección General del Tráfico en España son claros, la tasa de accidentes de tráfico de consumidores de cocaína es superior a la de otras sustancias, incluido el alcohol. La tasa de accidentes suele ser mayor tanto en consumo (66% cocaína vs 33% otras drogas) como en abstinencia (42% cocaína vs 12% otras drogas).

Muchos consumidores de cocaína también buscan sexo de forma compulsiva. La necesidad de gratificación sexual inmediata en consumidores de cocaína, tanto los que cumplen los criterios de dependencia como los que hacen un uso recreativo, puede ser considerada como una conducta de riesgo. De hecho, aquellos que la consumen presentan mayores dificultades para posponer las relaciones sexuales en el caso de que no hubiera un condón disponible.

Reconocer el problema y buscar ayuda.

La imposibilidad de dejarlo con recursos propios conduce a la persona a una espiral autodestructiva. Una especie de agujero negro que muchas veces incluso impide que se acepte buscar tratamiento. El pronóstico para estas personas no es bueno, como lo muestran los resultados del siguiente estudio.

Se realizó un seguimiento durante un año a 402 consumidores de cocaína que rehusaron tratamiento. La mayor parte de los participantes eran solteros, con una edad media de 24 años. Predominaba el policonsumo: cocaína, alcohol y marihuana; o cocaína, alcohol y anfetaminas.

Las conductas de riesgo más relevantes durante el seguimiento fueron las conductas delictivas y sexuales. Dentro de las conductas delictivas pueden destacarse el tráfico de drogas, robo en tiendas, supermercados, autos o casas. También se reportó atracos en la calle. Casi la mitad de los participantes reconoció que además de cometer delitos, portaban armas.

Dentro de las conductas sexuales de riesgo destacó la práctica de sexo sin protección, sexo a cambio de drogas, drogas a cambio de sexo. También se llega a la prostitución como medio de obtener dinero para el consumo.

Otra conducta con elevado reporte fue ir al trabajo bajo los efectos de las drogas. Como reportes más extremos se registraron las sobredosis, heridas autoinfligidas e intentos de suicidio.

Como se ha podido ver, el consumo de cocaína ya sea por vía nasal o fumada, resulta un importante factor de riesgo. Su consumo está relacionado con numerosos problemas, tanto de salud como sociales. Vencer la negación y buscar ayuda es un paso necesario.


¡Feliz semana!

Boris C. Rodríguez Martín PhD.

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