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Trastorno bipolar y adicciones: ¿qué relación tienen?


El trastorno bipolar se caracteriza por fluctuaciones notables del estado de ánimo (humor), el pensamiento, la conducta, la actitud, la energía y la capacidad de una persona de realizar las actividades de su vida cotidiana. No se trata de cambios pasajeros, sino que se trata de ciclos bien establecidos de períodos duraderos de depresión y manía, que se intercalan con el comportamiento funcional de un individuo. Pero, el trastorno bipolar y las adicciones, ¿qué relación tienen?


Ello quiere decir que una persona pasa por un período de tristeza, depresión y desesperanza (con ideación suicida o ideas de muerte) y luego se alterna con un período de alegría, exaltación, euforia y grandiosidad. La duración de estos períodos puede ser de meses o años. Debido a ello, esta enfermedad fue denominada durante mucho tiempo como psicosis maníaco-depresiva.


La presentación del trastorno bipolar no es única. Existen cuatro tipos de trastorno bipolar (I, II, ciclotimia e inespecífico) que no detallaré en este post. Es una enfermedad con un alto costo social dado que se presenta en adultos jóvenes. De hecho, es la segunda causa de discapacidad a nivel mundial.


En la actualidad existen tratamientos farmacológicos sumamente eficaces que, combinados con la intervención psicológica, permiten la recuperación de muchas personas. Sin embargo, para poderlos administrar la enfermedad debe ser correctamente diagnosticada.


En este sentido, el consumo de alcohol y otras drogas pueden enmascarar los síntomas y retrasar el diagnóstico y el tratamiento. También interfieren con el curso del tratamiento una vez que la enfermedad está diagnosticada. A analizar la relación dual que se establece entre las adicciones y el trastorno bipolar dedicaré este post.


El diagnóstico dual

Un estudio epidemiológico realizado en los Estados Unidos reveló que la probabilidad de que un trastorno bipolar de tipo I desarrolle una adicción es casi 6 veces mayor a sus contrapartes de la población general y 3 veces la de personas con otros trastornos mentales. De hecho, alrededor del 40% de las personas que padecen esta enfermedad desarrollan una adicción.


Esta alta prevalencia podría tener un importante competente genético de base. Un estudio realizado en Islandia con más de 100.000 personas (dentro de las cuales se encontraban más de 10.000 pacientes con adicciones en tratamiento) encontró marcadores de riesgo que permitía relacionar este trastorno dual.


Con respecto al alcoholismo, otro estudio reveló que existen interesantes diferencias de género. Al igual que ocurre en la población general, es mayor el número de hombres que muestran criterios clínicos de dependencia al alcohol en su historia vital; sin embargo, son las mujeres con trastorno bipolar las que tienen mayor probabilidad de desarrollar una adicción al alcohol.


La probabilidad de que una mujer con un trastorno bipolar desarrolle una adicción es casi 7 veces mayor que las de sus contrapartes de la población general, mientras que la de los hombres con el mismo diagnóstico es solo 3 veces mayor. En el caso de las mujeres el alcoholismo está relacionado con el policonsumo de sustancias, mientras que en los hombres con antecedentes familiares.


Combatir el estigma que carga la enfermedad

Combatir el estigma que carga la enfermedad de la adicción es uno de los objetivos de la Fundación Recal. Para muchas personas, entre las que se encuentra el propio adicto, la adicción es más un vicio que una enfermedad. Es una conducta que aquel que lo padece parece no querer ponerle fin porque le falta fuerza de voluntad. Muchos entienden que la persona no quiere “poner de su parte”.


Gran parte de nuestras charlas en centros, trabajo con la familia y escritos en las redes van dirigidos a desmontar estas creencias. “Siempre pensé que era un vicioso, no sabía que esto era una enfermedad y que se podía tratar” suele ser un comentario frecuente.


El trastorno bipolar también es una enfermedad que carga con el estigma de las enfermedades mentales severas. Una revisión publicada en el Journal of Affective Disorders encontró que el estigma es una importante preocupación para estos pacientes y sus familias.


A diferencia de las adicciones, no reviste connotaciones morales, pero atenta contra la percepción de la capacidad, funcionalidad y calidad de vida del que padece esta enfermedad. Para estas personas suele ser difícil encontrar o mantener un trabajo que les permita desplegar sus potencialidades.


Alostasis: ¿un concepto clave para entender esta patología dual?

Por alostasis entendemos un estado constantemente cambiante en el medio interno de un organismo para enfrentar un desafío que viene desde el medio externo. Muchos de estos cambios son adaptativos, pero otros no, sobre todo si esta demanda de energía se extiende a lo largo del tiempo. Ello puede ser la causa de muchos problemas de salud. En este sentido, la sobrecarga alostásica ocurre cuando la demanda de energía necesaria para el cambio excede a la oferta.

Un artículo publicado en Frontiers in Psychiatry analizó la alostasis como el encuadre conceptual para relacionar el trastorno bipolar con las adicciones. Para ello fue llevada a cabo una búsqueda en las principales bases de dato usando los términos clave que dan título a este epígrafe.


De forma general, sugiere que la alostasis protege la estabilidad de la función de recompensa a través de la movilización de cambios en los circuitos del sistema de recompensa y estrés. Ello podría explicar los fundamentos de la vulnerabilidad a la adicción en pacientes con un trastorno bipolar.


Siguiendo esta lógica, el trastorno bipolar puede ser concebido como una enfermedad que implica la acumulación progresiva de estados alostáticos. La desregulación progresiva de los circuitos de recompensa, expresados clínicamente como estados afectivos negativos, puede hacer que estos pacientes sean más vulnerables a la adicción a las drogas.


Por tanto, a través del refuerzo negativo, se fomenta una transición muy rápida del uso ocasional de drogas a la adicción. Este principio también es aplicable a la progresión de la enfermedad de la adicción, convirtiéndose en la pescadilla que se muerde la cola para los pacientes que padecen esta enfermedad dual.


El trastorno bipolar y las adicciones comportamentales

Mas allá de las sustancias, explorar la relación de este trastorno con las adicciones comportamentales o con determinados comportamientos con potencial adictivo resulta fundamental. El comportamiento de una persona en fase hipomaniaca o maníaca, sobre todo cuando aun no se tiene un diagnóstico, puede ser confundido con una adicción comportamental.


Una revisión de 28 estudios sobre el tema publicada en European Neuropsychopharmacology reveló que la prevalencia de este diagnóstico dual es alta. La adicción al juego la de mayor presencia, pudiendo estar presente en uno de cada diez pacientes.


Otros comportamientos que se realizan de forma compulsiva como la cleptomanía, las compras, el sexo o el uso de Internet fueron ampliamente reportados. Por último, refiere que la combinación del trastorno bipolar y las adicciones comportamentales agrava el curso y pronóstico de esta enfermedad.

Otro estudio publicado este año reveló que uno de cada cinco pacientes con trastorno bipolar tenía un uso problemático de Internet. El tema con el uso de Internet no solo tiene que ver con las horas sino con las actividades que se realizan.

En Internet se encuentra todo: los juegos de casino; los videojuegos; la pornografía o las compras, por solo citar los ejemplos más relevantes. Aunque tampoco deben pasar por alto las horas que estos pacientes podrían pasar utilizando las redes sociales.


A modo de conclusión

La probabilidad de que una persona con un trastorno bipolar desarrolle una adicción es extremadamente elevada.


Aunque es mayor el número de hombres con trastorno bipolar que muestran criterios clínicos de adicción, son las mujeres las que tienen mayor probabilidad de desarrollar una adicción al alcohol y a otras drogas.


El estigma que deben combatir las personas que padecen esta patología dual también es doble, pues implica el referido a las enfermedades mentales severas y el de la adicción, con sus connotaciones morales.


Las adicciones comportamentales y otros comportamientos compulsivos también muestran una combinación frecuente con el trastorno bipolar. Las más frecuentes son el juego, las compras, la conducta sexual compulsiva o el uso problemático de Internet.


El consumo de alcohol y otras drogas pueden enmascarar los síntomas y retrasar el diagnóstico del trastorno bipolar, así como su tratamiento. También interfieren con el curso del tratamiento y pronóstico, una vez que la enfermedad está diagnosticada.


¡Feliz semana!

Boris C. Rodríguez-Martín PhD

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