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TOC y adicciones: impulso y compulsión

La obsesión, el impulso y la compulsividad no solo son características fundamentales para entender el trastorno obsesivo-compulsivo, sino que también nos permiten comprender las adicciones. No son pocos los investigadores que sugieren que este trastorno puede ser un componente de las adicciones comportamentales o los comportamientos con potencial adictivo.



La distinción entre adicción comportamental o comportamiento con potencial adictivo la realizo en dependencia de si los están comportamientos catalogados como adicciones en los distintos clasificadores diagnósticos o no.

Al analizar determinados comportamientos compulsivos que tiene el ser humano, podemos ver que se en su base se encuentran determinadas obsesiones e impulsos sobre los que las personas que los padecen muestran un pobre control conductual. Ello implica que su capacidad para retrasar o inhibir estos comportamientos se encuentra muy afectada y la persona está condenada a repetir estas conductas una y otra vez de una manera estereotipada.


Fuerza de voluntad

Es como si toda la fuerza de voluntad quedara secuestrada cuando se trata de controla una conducta determinada como puede ser lavarse las manos, comer, apostar, jugar videojuegos, masturbarse, comprar o consumir determinadas sustancias. La dificultad para controlar estos impulsos se hace patente tanto en el trastorno obsesivo-compulsivo como en los distintos tipos de adicciones.

Para las adicciones existen diferentes modelos que permiten explicar el camino que se sigue desde un uso inicial impulsivo hasta el consumo crónico compulsivo. Propongo dedicar nuestra primera sección a los elementos comunes que, desde un punto de vista neuropsicológico, caracterizan tanto al trastorno obsesivo-compulsivo como a los diferentes tipos de adicciones.


Elementos comunes de la compulsión

Dado que el concepto de compulsión resulta medular para entender estos trastornos describiré tres componentes clave de su estructura. En primer lugar, debemos entender la compulsividad como un proceso repetitivo de conductas autodestructivas, que sugiere que dificultades en los sistemas de recompensa y castigo.


Algunos estudios han podido encontrar que los pacientes con un trastorno obsesivo-compulsivo muestran una disminución de la capacidad de anticipación a la recompensa que coincide con la observada en la observada para determinadas adicciones a sustancias (alcohol, nicotina o cannabis) y comportamentales (ludopatía y atracones de comida). No obstante, no todos los estudios han podido replicar este patrón cuando se trata de otras sustancias como la cocaína.


Por su parte, la sensibilidad al castigo también parece estar afectada debido a la continua repetición de conductas nocivas o autodestructivas. Algunos estudios han podido confirmar esta respuesta disfuncional al castigo. No obstante, las semejanzas son más relevantes solamente entre aquellos pacientes con un trastorno obsesivo-compulsivo y los que muestran un patrón de juego patológico.

La interacción entre ambos sistemas no puede obviar el reforzamiento negativo. Ello quiere decir que en estos trastornos la conducta se repite porque se convierte en una estrategia de afrontamiento ante el estrés y las emociones negativas.


En segundo lugar, la pobre capacidad para detener o disminuir la ejecución de estas conductas muestra una gran inflexibilidad tanto cognitiva como conductual. Tomemos en cuenta que la flexibilidad implica capacidad de adaptación. Ello sugiere lo obvio, que estas personas tienen dificultades para cambiar su conducta, pero también sugiere que tienen dificultades para cambiar sus pensamientos.

Las dificultades para aceptar nuevos pensamientos, hace difícil los procesos de reevaluación y quizás, por ello, a muchos les cueste aceptar que su conducta no es funcional. O sea, que no está bien lo que están haciendo. La inflexibilidad cognitiva puede ser el alimento de la negación que se observa en muchos pacientes con adicciones.


Aprendizaje de hábitos

Por último, que esta respuesta sea habitual sugiere un aprendizaje de hábitos exacerbado. Los hábitos son conductas que se repiten regularmente sin que las cuestionemos mucho. Algunos pueden tener una influencia muy positiva para nuestra salud física y mental y otros pueden ser perjudiciales, como en el caso que nos ocupa.


Cuando ejecutar una conducta se vuelve un hábito, dejamos de cuestionarla, lo hacemos y ya está. No pensamos mucho en ello. En el caso del trastorno obsesivo-compulsivo entenderlo es más sencillo, pero en el caso de las adicciones no tanto. El tema es que en las adicciones se comienza a consumir por las propiedades hedónicas de la sustancia o el comportamiento. Dicho de manera más sencilla, se consume para pasarlo bien.


¿Cuándo consumir se convierte en un hábito? Pienso que cuando se deja de consumir para pasarlo bien y se comienza a consumir para no estar mal. Aquí volvemos a resaltar el rol reforzamiento negativo. Una persona puede tener el hábito de consumir, aun cuando no muestre criterios de dependencia. Tomemos por ejemplo alguien que tiene el hábito de consumir solamente los fines de semana.


Impulsividad y toma de decisiones

Una investigación sobre el tema publicada en el Journal of Behavioral Addictions va un paso más allá. No solo sugiere que tanto el trastorno obsesivo-compulsivo y las adicciones tienen muchos elementos en común, sino que el primero puede ser mejor clasificado como una adicción comportamental que como un trastorno de ansiedad.


¿En qué se basan para ello? Pues en los resultados observados en la impulsividad, la toma de decisiones y la disfuncionalidad del sistema de recompensa. Los investigadores llevaron a cabo un estudio con diferentes pruebas psicológicas que permitieron medir estos indicadores tanto en pacientes con trastorno obsesivo-compulsivo como en controles sanos.


Una de estas pruebas fue el Iowa Gambling Task o Juego de Azar de Iowa. Este juego se compone de cuatro mazos de cartas y el objetivo es ganar tanto dinero como sea posible jugando. Dependiendo del mazo que se elija, se puede ganar y perder poco o mucho dinero. Usualmente las personas con dificultades en la toma de decisiones suelen perseverar en los mazos “malos”, que prometen grandes ganancias, pero con los que se obtienen pérdidas aun mayores.


¿Qué ocurrió en el estudio? Pues que los pacientes con trastorno obsesivo-compulsivo preferían estos mazos “malos” que prometían grandes ganancias, pero con los que obtenían mayores pérdidas. También se observó que perseveraban en sus decisiones a pesar de las consecuencias adversas y que no aprendían o eran capaces de rectificar a pesar de las pérdidas. También mostraron errores de razonamiento, sobre todo probabilístico.


Los investigadores concluyeron que estos pacientes eran, por tanto, más impulsivos, tomaban decisiones riesgosas en el corto plazo y tenían errores de razonamiento. Si cambiamos el trastorno por el juego patológico (o cualquier otra adicción), podríamos decir exactamente lo mismo. No obstante, para establecer alguna diferencia, otros investigadores han argumentado que en el trastorno obsesivo-compulsivo existe una “compulsividad impulsiva”, mientras que en las adicciones existe una “impulsividad compulsiva”.


¿Adictos a la compulsión?

Bajo este título se publicó un artículo científico en CNS Spectrums, donde los investigadores compararon diferentes elementos de la impulsividad y la compulsión en personas con un trastorno obsesivo-compulsivo, adicción al juego y controles sanos, respectivamente. Aplicaron casi las mismas pruebas que en el estudio descrito en la sección anterior.


Aunque, como puede resultar obvio para muchos, los pacientes con ambos trastornos mostraron una mayor impulsividad que los controles sanos, el elemento más valioso del estudio radicó en que permitió hacer una distinción en el tipo de impulsividad presente en cada trastorno.


Tanto los pacientes con un trastorno obsesivo-compulsivo como los que presentaban una ludopatía mostraron una elevada impulsividad cognitiva. La diferencia principal radicó en que los pacientes con diagnóstico de juego patológico mostraban, además, una elevada impulsividad de tipo motor.


Este estudio puso de relieve otra similitud entre ambos trastornos, que radicó en los niveles de anhedonia. La anhedonia es considerada como la incapacidad para experimentar placer, interés o satisfacción en las diferentes esferas de la vida. Pues bien, en ambos trastornos se observaron indicadores de anhedonia elevados.

Quizás sea demasiado radical hablar de “incapacidad”, pero lo más probable es que dicha capacidad esté seriamente reducida. Lo más interesante es que en el trastorno obsesivo-compulsivo la anhedonia está relacionada con los síntomas de ansiedad y depresión, mientras que en el juego patológico no se observó que estuviera relacionada ni con los síntomas de ansiedad o depresión, ni con la conducta del juego.


A modo de conclusión

El trastorno obsesivo-compulsivo y las adicciones tienen muchos elementos en común, tantos que el primero podría ser mejor clasificado como una adicción comportamental que como un trastorno de ansiedad.


Al analizar determinados comportamientos compulsivos que tiene el ser humano, podemos ver que se en su base se encuentran determinadas obsesiones e impulsos sobre los que las personas que los padecen muestran un pobre control conductual.


Debemos entender la compulsividad como un proceso repetitivo de conductas autodestructivas, que sugiere que dificultades en los sistemas de recompensa y castigo.


La pobre capacidad para detener o disminuir la ejecución de estas conductas compulsivas muestra una gran inflexibilidad tanto cognitiva como conductual.

Ha sido sugerido que, una posible distinción radica en el hecho de que en el trastorno obsesivo-compulsivo existe una “compulsividad impulsiva”, mientras que en las adicciones existe una “impulsividad compulsiva”.


Si tomamos en cuenta las adicciones comportamentales, tanto los pacientes con un trastorno obsesivo-compulsivo los ludópatas muestran una elevada impulsividad cognitiva. La diferencia principal radicó en que los pacientes con diagnóstico de juego patológico mostraban, además, una elevada impulsividad de tipo motor.

¡Feliz semana!

Boris C. Rodríguez Martín PhD.

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