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Soledad, síntomas de depresión y adicción a Facebook

Actualizado: 22 nov 2021




Intentaré analizar la relación que existe entre el estrés cotidiano, la soledad, los síntomas de depresión y el uso compulsivo de Facebook. En un post anterior analizaba los criterios que nos permitían hablar de una adicción a Facebook. Hacía referencia, entre otros temas, a un experimento personal donde me di de baja esta red y observé los efectos de mi “abstinencia”.

Un año después sigo sin volver y lo mejor de todo es que no me apetece volver. Podría decir que no me compensa si pongo al otro lado de la balanza las horas de vida que he recuperado.

Con casi 3000 millones de usuarios, Facebook sigue siendo la red social que encabeza el ranking en 2021. Van creciendo el número de estudios que reportan que un uso intenso de esta red contribuye sustancialmente a distraernos de nuestros problemas y dificultades cotidianas, a la vez que mejoran nuestro estado de ánimo dado que solemos recibir “apoyo social”.

A ello contribuyen diferentes acciones como subir nuevas fotos, escribir en nuestro perfil o en el de nuestros amigos, etiquetar o revisar si hemos sido etiquetados, dar “Like” o cualquier otro emoticono. Facebook es mucho más que esto y tiene muchos recursos para que permanezcamos conectados. Y hasta aquí todo está bien.

Sin embargo, donde hay luces también hay sombras. Ello ocurre cuando este deseo de estar conectado se torna en una obsesión que entra en conflicto con nuestras funciones, responsabilidades y obligaciones en el mundo real. No son pocos los investigadores que denominan adicción a Facebook a la incapacidad de la persona de controlar estos impulsos y obsesiones, a pesar de las consecuencias adversas que puedan sufrir a largo plazo.

¿Por qué queremos permanecer conectados a esta red?

Algunos dirían que para escapar del estrés; pero no todas las personas que reportan altos niveles de estrés están en riesgo de desarrollar una adicción a Facebook. Debe existir una condición que favorezca este tránsito, un puente entre el estrés y la adicción a esta red social.

Debo decir que este escape tiene determinados indicadores que denotan un comportamiento bastante pasivo. La persona no tiene que salir a buscar la gratificación, la tiene a mano. No son pocos los investigadores que han observado a personas depresivas que se sienten desbordadas por los requerimientos de la vida cotidiana, pasar demasiado tiempo conectados.

También se ha observado que son los propios síntomas depresivos los parecen empujar a las personas a buscar interacciones online, que no son capaces de tener offline. De forma general, Facebook se convierte en un mundo donde una persona deprimida puede manejar sus interacciones.

La intensidad con la que se vivencian los síntomas de depresión parecen ser el puente por el que una persona estresada transita hacia una adicción a Facebook. Recientemente se llevó a cabo un estudio conjunto en Alemania y los Estados Unidos que puso de relieve esta relación en alrededor de 1500 usuarios.

Un resultado similar se obtuvo en Bangladesh donde, además de los síntomas depresivos, contribuían otras variables como estar soltero, realizar poca actividad física o tener problemas con el sueño. Debo decir que no he sido capaz de encontrar estudios realizados en España sobre este tema. Ello no quiere decir que no existan, solo que yo no he sido capaza de encontrarlos.

Del uso de Facebook a los síntomas de depresión: el camino inverso.

Puede ser fácil ver a alguien que se pasa todo el día (todos los días), bebiendo en un bar y decir que tiene un problema con el alcohol. Sin embargo, para esa persona puede que no sea tan evidente. Sin embargo, con el uso de Facebook no resulta tan obvia la identificación del problema por parte de los demás y aun menos de aquel que la padece.

Quizás la verdadera utilidad de todo esto no consiste en saber si tenemos o no una adicción a Facebook, sino saber qué problemas podemos tener cuando empleamos una gran porción de nuestro día conectados a esta red social.

Si una persona pasa más de X horas al día en interacciones virtuales que nada tienen que ver con su trabajo, ocupando para ello la mayor parte de su tiempo libre debería preguntarse, al menos “qué me ocurre” o “por qué empleo tanto tiempo en esto”.

Sobrepasar un límite previamente establecido para uso de una red social (X horas/día) debería ser un buen momento para realizar una introspección. Ello nos permitiría conectar con sentimientos de tristeza, apatía, soledad, o simplemente darnos cuenta de que no estamos teniendo una correcta higiene del sueño.

Quizás nos demos cuenta de que el enganche a Facebook no es el verdadero problema, sino que lo enmascara. En cualquier caso, nos haría conscientes de que deberíamos buscar ayuda. En la Clínica Recal decimos que la pregunta verdaderamente importante es “por qué consumes”, pues va más allá del “cuánto consumes” e implica el análisis de los verdaderos problemas de fondo.

La soledad como moderador y los problemas del sueño como mediador.

Entender la diferencia entre mediador y un moderador es fundamental en este punto. Un mediador es un componente activo del problema que nos ocupa. En el caso de los síntomas de depresión, hablamos de los problemas del sueño como mediador, porque es una de las variables que se enlazan con el resto de los síntomas. Por su parte, un moderador hace referencia a las condiciones del paciente, como la soledad, en este caso.

Un estudio realizado en Vietnam detectó que la asociación entre la adicción a Facebook y los síntomas de depresión estaban parcialmente mediadas por una pobre calidad del sueño, pero era la soledad la que moderaba esta depresión. Ello quiere decir que una persona con síntomas de depresión, una pobre calidad del sueño y que se encuentre en una situación de soledad tiene un riesgo extremo de desarrollar una adicción a Facebook.

Esto no es un problema menor si tomamos en consideración que la soledad en España va siendo un gran problema no solo para los adultos mayores, sino también para los jóvenes. ¡Es un problema que ha crecido un 50% en 2020!

¡Y qué decir de los problemas con el sueño! La Sociedad Española de Neurología ha señalado que entre un 20 y un 48% de la población adulta en España sufre dificultades para iniciar o mantener el sueño.

Si a ello sumamos que la depresión es la segunda causa de incapacidad en laboral en España tenemos el caldo de cultivo perfecto para entender el trasfondo de un uso compulsivo de Facebook. Se estima que el coste de la depresión en España oscila entre los 150 y los 370 millones de euros cada año.

Psicofármacos y Facebook: ¿la intervención “natural” para el problema de fondo?

En fin, si tomamos en cuenta que la mayor parte de las intervenciones para los problemas de fondo que conducen a una adicción a Facebook (ansiedad, estrés, depresión o problemas del sueño) se realizan con psicofármacos, dado que garantizar la intervención psicológica para afrontar como es debido los retos de la salud mental es una asignatura aun pendiente en España, podremos concluir que Facebook se convierte en el universo donde una persona sola, deprimida y medicada puede pasar su tiempo libre.

Pensemos que si en Europa hay una media de 18 psicólogos por cada 100.000 habitantes (insuficiente), en España esta cifra se reduce solo a seis. La lista de espera para atenderse con un psicólogo en la salud pública puede superar los 90 días en algunas comunidades autónomas y llegar hasta casi completar el año en otras.

No me voy a desgastar dando más datos sobre este punto. Creo que la prensa lo ha abordado suficientemente desde que se generara un debate al respecto en el Parlamento. Lo que sí quiero puntualizar es que ante la imposibilidad de acceder al apoyo psicológico o encontrar redes de ayuda mutua adecuadas, Facebook se convierte para muchos en la única vía para afrontar su soledad, síntomas de depresión y una insatisfacción cada vez más creciente con la vida fuera de esta red social.

No se si reforzaremos o no la atención psicológica para hacer frente a los problemas de la salud mental en España, lo que si se es que Facebook no puede ser el remedio. Vale la pena pensar sobre ello.

¡Feliz semana!

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