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Servicio y recuperación de adicciones: “hacer el bien sin mirar a quién”




El servicio es, al igual que la humildad, la honestidad o la buena voluntad, uno de los valores sobre los que se sostiene la recuperación de adicciones según el Programa de los 12 Pasos. Tanto es así que Bill W, fundador de Alcohólicos Anónimos, escribió El Legado de Servicio de AA. También, por su importancia se le denominó el tercer legado.

Debo aclarar que no es de mi interés repetir el conocimiento que se comparte en los distintos grupos de ayuda mutua que siguen el Programa de los 12 Pasos. Por tanto, dejo al interesado en comprender los servicios que prestan estas confraternidades, el enlace al escrito señalado y confío en que su capacidad de búsqueda le lleve hasta donde desee llegar.

Mi interés al escribir este post se centra en la comprensión de los beneficios que nos reporta la realización de pequeños o grandes servicios en nuestra vida cotidiana. Para ello debemos comprender el servicio como la acción de brindar una ayuda a aquellos que la necesitan.

Si entendemos nuestra esencia social, difícilmente podríamos haber sobrevivido como especie o progresado como personas sin el desarrollo adecuado de esta virtud. Quizás sea por lo que la definición de “persona que se hace a sí misma” como alguien capaz de alcanzar el éxito me resulta, cuanto menos, contradictoria.

Pareciera que alcanzar el éxito por mérito propio está reñido con la posibilidad de recibir ayuda. El camino de hacerse a uno mismo está seguramente repleto obstáculos que difícilmente son superables sin recibir ninguna ayuda.

La mente es complicada y selectiva, solemos recordar las afrentas y tendemos a olvidar los pequeños actos de bondad cotidiana de los otros que nos permitieron avanzar. No es que seamos malas personas, tiene que ver con errores que comentemos en el procesamiento de la información. ¡Queremos ser los héroes en nuestras propias historias!

El poderoso efecto de “estar ahí” para alguien.

Muchas personas que asisten a reuniones de grupos de ayuda mutua para la recuperación de adicciones suelen decir que van “a cargarse de energía”. Alguien usó la imagen de un móvil en proceso de carga para explicarlo.

Quizás el que así piensa, no comprende muy bien como funciona este proceso de “carga” durante la recuperación. Es una visión individualista y pasiva; pero es probable que no se deba una postura egoísta, sino a la baja valoración que tienen muchos de su rol o del aporte que genera su propia participación en una reunión.

Pareciera que esa “carga” viene de la sabiduría de los más veteranos. Si esto fuera solo así, los veteranos terminarían “sin carga” en algún momento. Sin embargo, los más veteranos también refieren salir “cargados”. ¿De dónde viene la energía para tanta “carga”?

Pues viene de la propia interacción de los distintos roles que cada participante tiene. La mera presencia de un recién llegado o alguien que ha recaído ya es, en sí misma, una fuente de ayuda para aquellos que más tiempo llevan limpios. A su vez, estos últimos transmiten a los primeros la esperanza de que la recuperación es posible.

El poderoso efecto que tiene el simple acto de “estar ahí” para otro es subestimado por el que lo brinda. No son pocos los investigadores que han analizado nuestros sesgos de negatividad en lo referente a nuestras conexiones sociales. El pasado año se publicó en Personality and Social Psychology Bulletin una serie de experimentos que lo demuestran.

Es decir, tendemos a pensar que nuestras pequeñas buenas acciones (precisamente por ser pequeñas), tienen un impacto menor del que realmente tienen. A veces una simple sonrisa, un abrazo, un pequeño elogio puede cambiar el día de otra persona.

El valor de enviar un WhastApp a un amigo.

A veces subestimamos el valor que tiene para otra persona que le enviemos un simple mensaje de al móvil solo para decirle “hola”. Una serie de 13 experimentos que involucraron a casi 6000 personas brinda evidencia a favor de la anterior afirmación. Los resultados de estos estudios fueron publicados este año en The Journal of Social Psychology.

Se pidió a los participantes que atribuyeran un valor al mensaje enviado y lo mismo se pidió a aquellos que lo recibieron. Los resultados revelaron cuanto subestiman las personas el valor que tienen estos pequeños mensajes de toma de contacto.

Dentro de los que los recibían el valor se incrementaba en la medida que el remitente fuera alguien con quien no se hubiese estado en contacto recientemente. O sea, el efecto de la sorpresa al recibir un simple saludo no esperado de un conocido a través del móvil incrementa tremendamente su valor.

Quizás ello sea la base para entender el valor que tiene para el mantenimiento de la abstinencia de muchos adictos en recuperación, recibir mensajes de aliento o solicitudes de ayuda de sus compañeros a través del WhatsApp. Todavía recuerdo la anécdota de una persona que estaba a punto de recaer, comentó que fue recibir un saludo de WhatsApp no esperado de un compañero lo que le hizo cambiar de idea.

Regalar un chocolate caliente durante un día frío.

El principal problema es que no siempre somos conscientes los beneficios que para nosotros mismos tienen nuestros actos de “hacer el bien”. La frase “cosechas lo que siembras” puede ser un buen ejemplo que permite constatarlo dentro de la sabiduría popular. Sin embargo, la ciencia también muestra algunas evidencias que lo confirman

En agosto pasado se publicaba en el Journal of Experimental Psychology un interesante estudio sobre el efecto que tienen los pequeños actos de bondad y generosidad en nuestra vida cotidiana tanto para el que los recibe, pero también para el que los da. Los investigadores realizaron una serie de experimentos poner a prueba sus hipótesis.

En uno de los experimentos durante un frío día a la intemperie, se les dio a los participantes un chocolate caliente y se les dijo que podían elegir quedárselo o regalarlo a un desconocido. Entre aquellos que eligieron regalar su chocolate se les pidió que evaluaran la importancia de su acto de bondad en una escala de 0-10 y luego se pidió a aquellos que lo recibieron que evaluaran la importancia del acto de bondad recibido.

De forma general los resultados revelaron confirmaron que la puntuación media de la importancia otorgada por los que regalaron el chocolate no alcanzaba los 4 puntos, mientras que los que lo recibieron le otorgaron una importancia de 7 puntos. Los resultados del resto de los experimentos se movieron en la misma línea.

Otras variables que se evaluaron fueron la percepción del tiempo, dinero y energía invertidos. En todos los casos a los que realizaron el acto siempre les pareció que habían invertido mucho menos que a quienes los recibieron. La única diferencia es que los que los que realizaban el acto referían sentirse más incómodos que quienes lo recibían, aunque la incomodidad reportada no se consideró elevada para ninguno de los casos.

Se comprobó que las personas que tienden a subestimar el valor que tienen sus pequeños actos de bondad y todo lo contrario ocurre con los receptores. En estos últimos el efecto se potencia.

¿Una inversión con retorno?

Parece ser que hacer el bien es una inversión que tiene retorno. Un estudio publicado hace algunos años en Clinical Psychological Science brinda evidencia de que llevar a cabo conductas prosociales puede ser un recurso de ayuda para combatir el estrés. Los investigadores eligieron a un grupo de personas entre 15 y 44 años sin diagnóstico de adicciones, pero con un consumo de alcohol que podía ser considerado como de riesgo.

Los comportamientos prosociales incluyeron el registro de conductas como "mantener abierta una puerta para que alguien pase", "ayudar a un compañero con el trabajo escolar" o "preguntar a otra persona si necesita ayuda". Los resultados revelaron que realizar pequeñas acciones como estas cada día, durante al menos dos semanas, parece suficiente para moderar el efecto desestabilizador del estrés y el malestar emocional asociado.

En fin, las pequeñas acciones en el día a día tienen un efecto más poderoso del que usualmente le atribuimos. No solo es beneficioso para el que la recibe, sino que aporta mucho al que la da. Son los pequeños servicios que se prestan a los compañeros de recuperación precisamente aquellos que más refuerzan el compromiso de las personas con su proceso. Quizás deberíamos pasar más tiempo haciendo el bien sin mirar a quién.

¡Feliz semana!

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