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Recuperación de adicciones, economía conductual y decisiones basada en el valor




La decisión de buscar ayuda para recuperarse de una adicción o varias es, sin lugar a duda, una decisión acertada. La economía conductual nos plantea esta decisión como una buena inversión, capaz de ofrecer buenos dividendos a largo plazo.


Sin embargo, aunque proporciona un marco general de referencia para explicar el cambio en el comportamiento del uso de sustancias a actividades libres de sustancias, no es capaz de explicar intenta explicar los procesos internos que causan dichos cambios.


Revisando en los buscadores de literatura científica encontré un interesante análisis, que propone abordar la recuperación desde la perspectiva de la economía conductual y la toma de decisiones basada en el valor. La versión original del artículo teórico completo se encuentra en la revista Psychology of Addictive Behaviors.


Los autores son académicos e investigadores de diversas universidades de los Estados Unidos y el Reino Unido que intentan superar la barrera de la falta de explicación de los procesos internos de cambio que sostienen la recuperación de adicción desde esta perspectiva.


Para ello analizan cómo el trabajo computacional sobre la toma de decisiones basada en valores puede explicar cómo las personas con una adicción activa pueden superar las patologías del refuerzo y las vulnerabilidades en la toma de decisiones que caracterizan el trastorno. Debo decir que este posts es solo un aperitivo para el que desee comprender un tema sumamente denso y complejo.


Descuento hiperbólico y preferencias invertidas


Desde la perspectiva de la economía conductual, el desarrollo y mantenimiento de una adicción pueden ser atribuidas a una patología del refuerzo que distorsionan los procesos de asignación de valor, favoreciendo el descuento hiperbólico. El descuento hiperbólico es un fenómeno que resta valor a una actividad en proporción al tiempo que deba esperar una persona para obtener una recompensa.


De esta forma, en la adicción activa las actividades de consumo se encuentran hipervaloradas, mientras que ocurre todo lo contrario para aquellas que no impliquen consumo. Mientras más tiempo deba esperar una persona para obtener una recompensa, menor valor tendrá dicha actividad. Debido a ello, el descuento hiperbólico favorece la elección de las recompensas a corto plazo provocando una inversión en las preferencias.


Algunos estudios apoyan la idea de que, si el tiempo de espera es el mismo para consumir o realizar una actividad alternativa, una persona podría tener mayor probabilidad de elegir aquella actividad que no involucra consumo. Sin embargo, si aparece una opción más inmediata de consumo actuará el descuento hiperbólico maximizando el valor del consumo.


En este sentido, romper el bucle del refuerzo asociado al consumo es extremadamente difícil sin ayuda. Esto ocurre porque el valor de otras recompensas que no involucran el uso de sustancias es extremadamente bajo y no son capaces de competir en igualdad de condiciones con la recompensa que provee el consumo.


Desde esta perspectiva, la recuperación solo puede ocurrir cuando las actividades alternativas al consumo incrementan su valor. ¿Qué condiciones deben darse para que el valor de estas actividades pueda incrementarse?


El incremento del “precio” a pagar


Hoy día el mundo vive una crisis que repercute en los bolsillos del consumidor. El incremento de los precios del combustible, la electricidad o la cesta de compra hace que muchos nos tornemos más vigilantes y precavidos con nuestros gastos. En el mundo de las adicciones y la recuperación el precio que se paga también juega un importante rol en la toma de decisiones. Sin embargo, no me refiero al precio de la sustancia, sino al precio como consecuencias que tiene el consumo en las distintas áreas de la vida cotidiana.


Cuando una persona desarrolla un trastorno por dependencia el precio de la sustancia es lo de menos. Hará lo que tenga que hacer para conseguirla. Manipulará, engañará, robará o se prostituirá con tal de obtener aquello que necesita. Es en ese proceso que el precio como consecuencias del consumo comienza a incrementar el valor de la idea de la recuperación.


Como ya he dicho en muchos posts, tocar fondo es una vivencia subjetiva del hartazgo y desesperación. Desde un punto de vista de la economía conductual es el momento clave donde el precio que se paga por consumir es demasiado y se comienza a dar valor a otras opciones.


Muchas de las llamadas de solicitud de ayuda de las personas que padecen la enfermedad (otras son de familiares y amigos) que se reciben en la Clínica Recal para el tratamiento de las adicciones ocurren después de tocar fondo. La llamada en sí es un indicador de que el valor de la intención de recuperarse comienza a subir.


Dado que la vivencia de tocar fondo es subjetiva, la variación de situaciones y la intensidad es inmensa. Para unos puede ser un problema de salud, para otros una bronca de los familiares, pero otros llegan a los casos extremos de pasar por la cárcel o la sala de urgencias de un hospital como consecuencia de una sobredosis. De todos los fondos hay retorno, excepto el de la muerte.


¿Cómo sabemos que la intención de recuperación ha alcanzado su valor máximo?

Una vez que la intención de dejar de consumir logra abrirse paso hasta la conciencia es porque se ha incrementado su valor y ha llegado el momento de actuar. El paso del tiempo y la aparición de oportunidades de consumo la devalúan rápidamente, como ya se ha visto, invirtiendo las preferencias y restaurando el descuento hiperbólico.


Los algoritmos de la economía conductual que predicen el consumo o la recuperación se basan más en la fluctuación de las tendencias o patrones de comportamiento a lo largo del tiempo que en las conductas individuales aisladas, por muy relevantes que estas sean. Hasta ahora es un proceso muy externo que dice muy poco de lo que ocurre dentro de la caja negra de cada ser humano.


La toma de decisiones basadas en el valor es el marco de referencia desde donde este proceso interno gana claridad. Este proceso permite cuantificar el valor subjetivo de diferentes estímulos independientemente de otras propiedades del decisor, como sus umbrales de respuesta. Esto significa que cualquier cambio momentáneo a favor de una opción de elección está determinado tanto por el ruido aleatorio como por el valor subjetivo de esa opción.


Al igual que para las transacciones económicas, existen algoritmos y modelos computacionales que nos permiten analizar el valor de cada opción, dentro de aquellas que podemos elegir en un momento dado. El algoritmo analiza las señales de acumulación de evidencia, que indican el valor que cada una de las opciones posibles acumula a través del tiempo. Como si de unas elecciones se tratase, cuando una de ellas traspasa un umbral determinado, se convierte en la opción elegida.


Este tipo de modelos ha sido ampliamente utilizado para entender, por ejemplo, los déficits que se encuentran en la base de determinados problemas psicológicos, donde se da más valor a las opciones menos funcionales. Debido a ello, su aplicación en el área de las adicciones presenta tantas potencialidades.


¿Cómo se sostiene la recuperación?


Desde esta perspectiva, la recuperación puede ser atribuida a tres parámetros que se pueden ocurrir de forma aislada o en combinación con el resto:

1. Supresión de la acumulación de valor para la sustancia, de modo que es menos probable que sea el primero en cruzar el umbral de respuesta;

2. Aumento de la acumulación de valor para actividades libres de sustancias, de modo que sea más probable que sean los primeros en cruzar el umbral de respuesta, y

3. Cambio gradual hacia arriba en el umbral de respuesta cuando se enfrenta a un conjunto de opciones que incluye el uso de sustancias.


El enfoque de la economía conductual y la toma de decisiones basadas en el valor abre un nuevo marco para la comprensión de las adicciones. Puede ser una herramienta sumamente útil para entender y predecir un grupo de decisiones clave como el mantenimiento de la abstinencia o las recaídas. Por último, ofrece la posibilidad de cimentar los mecanismos de acción de numerosos tratamientos.


¡Feliz semana!

Boris C. Rodríguez Martín PhD.

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