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Obesidad y comer nocturno: ¿Por qué debemos estar atentos?


En este post analizaré los riesgos que supone el síndrome de comer nocturno para la obesidad y el sobrepeso. La ingestión nocturna de alimentos es el acto de ingerir alimentos después de cenar o al despertar del sueño durante la madrugada. Debo aclarar que la costumbre de tomar un vaso de leche, una galleta, una fruta o buscar una porción de postre sobrante luego de cenar no se cuestiona en este post.


Durante mucho tiempo se ha sugerido evitar comer durante la noche. Es una estrategia fundamental para aquellas personas que se enfrascan en una dieta o quieren bajar de peso o mantenerlo. Estudios recientes demuestran que ello podría no ser del todo adecuado.


De hecho, un análisis sobre el comer durante la noche publicado en Nutrients ha sugerido que, para personas sanas y físicamente activas, podría ser beneficioso ingerir pequeñas cantidades de comida. Comer cantidades iguales o inferiores a 150 Kcal durante la noche puede contribuir positivamente a la síntesis de proteínas muscular y la salud cardiometabólica.

Alimentación en España

Según un estudio publicado en la revista Nutrición Hospitalaria, el porcentaje de ingestión total de energía durante un día se distribuye de la siguiente manera: 15% en el desayuno; 46% en la comida; 6% en la merienda de la tarde; 30% en la cena y 3% entre horas. Estos resultados indican que en España más del 35% de la ingestión total de energía se realiza después de las 17h.


En España, quedar a cenar tarde en la noche es un patrón cultural. Como se verá más adelante, las costumbres de un país o región no constituye un indicador diagnóstico, pero ingerir cantidades superiores al 35% de las calorías diarias durante la noche puede traer consecuencias metabólicas importantes. Por ello, educar a las personas sobre cuáles son los mejores alimentos y las cantidades que deben ingerir durante la noche, resulta sumamente importante para prevenir el sobrepeso y la obesidad.


No obstante, aunque comer tarde es una conducta de riesgo, el principal objetivo de este post es analizar el acto de la ingestión nocturna de alimentos, cuando se convierte en un consumo excesivo y crónico, y su relación con la obesidad.

Criterios diagnósticos y prevalencia del comer nocturno

El síndrome de ingestión nocturna de alimentos se define como un caso extremadamente patológico de la conducta alimentaria de comer tarde o durante la noche. Adecuando los criterios a las costumbres de España, hablaríamos de personas que ingieren el 25% de las calorías del día después de la cena. Estos episodios deben ocurrir al menos, dos veces por semana, habiéndose manifestado durante un período de tres meses.


Esto implica la presencia frecuente de episodios de ingestión de alimentos durante la noche. Estos episodios pueden ocurrir al despertarse durante la madrugada o si se consumen cantidades excesivas de alimentos después de la cena. La persona se mantiene consciente durante el episodio, por lo que puede recordarlo posteriormente.


Estos episodios no reúnen los criterios del trastorno de atracones y no son explicados por la presencia de otros trastornos (o problemas médicos) como el consumo de sustancias o el efecto de la medicación. El problema tampoco puede ser explicado por influencias externas, como cambios en el ciclo del sueño-vigilia o normas sociales locales.


Con respecto a la prevalencia, los datos obtenidos de un artículo publicado en Comprehensive Psychiatry sugieren que el trastorno podría estar presente en alrededor del 1.5% de la población general, del 6-16% en los pacientes con obesidad sometidos a intervenciones para la reducción del peso y podría superar el 40% en los pacientes sometidos a cirugía baríatrica. También se estima que podría superar el 20% de los pacientes que reciben atención en los servicios de psiquiatría.

Obesidad: alimentos de preferencia e impacto sobre la salud

Para el desarrollo de este tópico, me apoyaré en una interesante revisión sobre los aspectos nutricionales de la ingestión nocturna de alimentos, publicado en Current Obesity Reports. El resultado más obvio puede resultar su relación con la obesidad y el incremento del Índice de Masa Corporal.


Las personas que padecen este problema suelen preferir alimentos procesados, ricos en azúcar, grasas e hidratos de carbono. Las principales diferencias encontradas para este patrón de alimentación es un mayor consumo alimentos que contienen sodio, colesterol y menos proteínas.


Estos alimentos tienen, a su vez, un fuerte impacto sobre los ritmos circadianos del organismo, al ser ingeridos durante la fase que debería ser dedicada al sueño. Ello puede ser la causa de importantes desajustes metabólicos, una vez que este patrón se torna crónico. Se ha estimado que los ritmos circadianos de estas personas muestran un retraso aproximado de 1 hora y media, que se acompañan con una mala calidad del sueño.


También se ha observado una importante reducción del apetito durante la mañana. Ello puede favorecer la restricción como mecanismo de compensación, que se viene abajo en la medida que avanza el día.


Una cuantiosa factura psicológica

Un reciente estudio publicado en Appetite encontró una importante factura psicológica, pues el síndrome de ingestión nocturna de alimentos está relacionado con elevados niveles de desajuste emocional y criterios diagnósticos de adicción a la comida. El estado de ánimo de estas personas suele ir empeorando en la medida que transcurre el día, siendo muy propensos a experimentar episodios de depresión.


Otro estudio realizado en Alemania, encontró relaciones adicionales con otros trastornos de la alimentación, síntomas de ansiedad y el predominio de un estado de ánimo de depresivo. Con respecto a este último, los autores señalaron que era difícil determinar si era causa o consecuencia. Los resultados de este estudio pueden ser consultados en PLOS|ONE.


Atracones

Dentro de los trastornos de la alimentación, los episodios de atracones suelen ser frecuentes. Un reciente estudio, publicado en la revista European Eating Disorders Review evaluó el rol mediador del comer emocional en la relación entre el comer nocturno y los episodios de atracones en una amplia muestra de estudiantes universitarios.


Los autores determinaron que los episodios de atracones nocturnos podía ser considerado como un mecanismo de gestión emocional. Este resultado brinda soporte a la primera función de la ingestión nocturna de alimentos, que consiste en regular las emociones negativas.


Sin embargo, la ciencia no puede basarse en los resultados obtenidos de población universitaria. ¿Qué pasa en aquellos pacientes con alteraciones psicopatológicas? Para responder esta interrogante utilizaré los resultados del estudio de Comprehensive Psychiatry, citado con anterioridad.


En el mismo se evaluaron más de 400 pacientes que reciben atención regular por psiquiatría. La presencia de este síndrome estaba presente en el 22,4% de la muestra. Se ha observado una fuerte relación de la presencia de este síndrome con trastornos del estado de ánimo, trastornos del control de los impulsos y dependencia a la nicotina. Otros estudios han encontrado relación con el consumo de alcohol en lugar de la nicotina.


¿Genes o ambiente?

La existencia de un cronotipo matutino y uno vespertino está documentada. Queda por demostrar si el síndrome de la ingestión nocturna de alimentos responde a un cronotipo vespertino. Al respecto se llevó a cabo un estudio, cuyos resultados se publicaron en marzo de este año en Chronobiology Iternational.

Los autores pudieron determinar la presencia de determinados marcadores comunes. Sin embargo, concluyen que es el establecimiento de un largo período de ayuno antes de las comidas un importante factor de riesgo para la expresión de estos genes. Como ha sido ampliamente afirmado, los genes cargan el arma, pero es el ambiente quien aprieta el gatillo.


Edad y dimensiones de la adición a la comida

Un estudio que comparó adultos mayores con estudiantes universitarios mostró resultados bien interesantes al respecto. Los resultados se publicaron en Appetite.

En los jóvenes los criterios de comer nocturno se asociaban más al acto de comer a pesar de las consecuencias adversas, mientras que en los adultos mayores eran mejor explicados por los criterios de tolerancia. La presencia de del síndrome de ingestión nocturna de alimentos se encontraba más fuertemente relacionada la adicción a la comida en los adultos mayores.


Parece ser que el desarrollo de síntomas de tolerancia, entendida como la necesidad de ingerir mayor cantidad de alimentos en cada episodio resulta fundamental.


¿Comer algo para conciliar el sueño?

La creencia que muchas personas tienen de que es necesario comer algo para regular el sueño, puede ser un factor de riesgo para el desarrollo de este trastorno. ¿Es cierto que comer algo antes de ir a la cama nos ayuda a dormir mejor?

Un reciente estudio publicado en Appetite pone a prueba esta creencia. Para ello se evaluaron 200 pacientes con obesidad, durante su primera consulta en una unidad de trastornos de la alimentación en Italia. De hecho, solo parece ser cierto para aquellos que padecen trastornos del sueño. En estos pacientes, la creencia de que es necesario comer para poder conciliar el sueño resulta un indicador diagnostico medular para el síndrome de la ingestión nocturna de alimentos.

A modo de conclusión, la costumbre de comer una cantidad pequeña de alimentos antes de ir a la cama no es mala en sí misma. El problema radica cuando el patrón se torna crónico y se come más de lo que se desea, en ausencia de hambre fisiológica, para gestionar emociones o para conciliar el sueño. Estas conductas son las que nos ponen en riesgo de obesidad.


¡Feliz semana!

Boris C. Rodríguez-Martín Ph

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