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Motivación, dopamina y adicciones: pasarse o quedarse corto




Decir la frase correcta, retirarse en el momento oportuno o rechazar aquello que está de más son pruebas a las que nos sometemos a diario. Si lo hacemos de forma correcta podemos decir que hemos actuado con equilibrio y moderación.

Encontrar el punto medio o acercarse en la mayor medida de lo posible es una meta deseada pero difícilmente conseguida en una buena parte de las ocasiones. El proceso de aprendizaje para llegar este grado de desempeño pasa por experimentar ambos extremos. Debido a ello lo más probable es que muchas veces pasemos dos pueblos y otras tantas nos quedemos cortos.


Otro problema es que, para estos casos, el “punto medio” que describe el equilibrio no es igual al de una recta trazada en un plano, sino que se trata de no rebasar un umbral. Los umbrales a veces soportan una gran carga (entendida como frecuencia e intensidad de la ejecución) y otras bien poca antes de verse rebasados.


Esto se aplica tanto al contexto como a la persona. Lo que puede ser considerado excesivo en un contexto, puede no serlo en otro. Por ejemplo, no es lo mismo cantar “La Macarena” en un entierro que en una fiesta con amigos.


Lo que puede ser poco demasiado para una persona puede ser poco para otra. En las personas existen muchos umbrales para muchas conductas y muchos factores que pueden activarlos o inhibirlos. “¡Me gusta realizar esta actividad!”. Dirían unos. “¡Qué aburrido!” Dirían otros


En el post de hoy me gustaría referirme a un caso específico: rol que juega la dopamina en el caso de las adicciones. Comenzaré explicando qué es la dopamina.


El aprendizaje basado en la recompensa


La dopamina es un neurotransmisor, es decir, una molécula que se encarga de transmitir algunos de los mensajes que las neuronas envían a otras células. Estos mensajes suelen tratar sobre el control de movimientos, la memoria, la recompensa y el aprendizaje. Esto es muy importante porque regula la duración de los recuerdos, vinculando el aprendizaje con las emociones.


La dopamina es también conocida como una de las “moléculas de la felicidad”. Ello ocurre porque vincula la duración del recuerdo a emociones positivas. Los recuerdos que se asocian al placer no solo perduran durante más tiempo, sino que refuerzan la repetición de la conducta. Por tanto, la dopamina se asocia a la motivación.


La motivación puede ser descrita como un estado interno que predispone a la persona a realizar una conducta para alcanzar una meta. Podemos tener muchas motivaciones a la vez y muchas de ellas contrapuestas. Por ejemplo, quedarnos de fiesta hasta tarde y a la vez irnos a casa a dormir porque debemos madrugar al día siguiente.


Recordemos que la motivación solo predispone, pero no obliga a actuar. Podemos estar muy motivados a pedir un aumento de sueldo a nuestro jefe, pero puede que no sea el momento oportuno y decidamos posponer la conversación. También podemos tener el dilema entre elegir comernos otra porción de tarta o no hacerlo para no engordar. En este caso ganará la motivación que más fuerza tenga.


En todos estos casos descritos previamente, es la cantidad de dopamina que se libere la que condiciona la ejecución de una conducta o su opuesto. Se ha observado que la liberación excesiva de dopamina se relaciona con la ejecución de conductas imprudentes o arriesgadas, mientras que una escasa liberación se relaciona con algunos tipos de fobias, depresiones o el trastorno por déficit de atención e hiperactividad.


Perros de Pávlov sin dopamina


Iván Pávlov fue un célebre fisiólogo ruso laureado con el Premio Nobel de Medicina en 1904. Es muy conocido por su teoría de los reflejos condicionados o condicionales, para ser más exactos. Sus experimentos más conocidos fueron activar la salivación de perros con la introducción de un estímulo previo a la presentación del alimento en sí (hacer sonar una campana).


En esa época aún no se tenía clara la estructura del sistema nervioso y no existía claridad sobre el rol de las neuronas y mucho menos los neurotransmisores, como la dopamina. La cosa es que estos experimentos se han repetido con animales que no son capaces de sintetizar la dopamina y los resultados han confirmado que carecen de este tipo de reflejos.


Por tanto, las adicciones se pueden entender como un comportamiento condicionado donde la dopamina juega un rol fundamental. La mayoría de las drogas adictivas provocan elevaciones en los niveles extracelulares del neurotransmisor de la dopamina.


Dopamina y adicciones: el umbral que no se debe rebasar


Que una sustancia o comportamiento sea adictivo tiene que ver con la cantidad de dopamina que sea capaz de liberar. En el caso de las drogas, son capaces de aumentar la cantidad de dopamina en el cerebro a niveles que no se alcanzarían de manera natural.


El grado de placer que esta liberación produce sobre el sistema de recompensa refuerza la repetición compulsiva de esta conducta. Algunos estudios sugieren que el desarrollo de una adicción específica va a depender del número de receptores a los cuales se une la dopamina en una persona para esa sustancia en concreto.


Las personas con menos receptores para una sustancia necesitan mayores cantidades para notar la misma satisfacción que otras que tienen un mayor número de receptores. El problema es que la persona va a necesitar consumir cada vez una mayor cantidad de la sustancia que provoca esta reacción, provocando un incremento de la tolerancia.


También la va a buscar con mayor frecuencia porque una vez que pasa el efecto comienza a notar su ausencia, lo cual sienta las bases de la abstinencia. Otra de las funciones de la dopamina es que se orienta a la búsqueda de la recompensa evitando situaciones desagradables o negativas, como es el caso de la abstinencia. Este es el camino que conduce del uso al abuso y del abuso a la dependencia.


Algunos estudios muestran que las diferencias entre mujeres y hombres en relación con el desarrollo de una adicción tiene que ver con la dopamina. Por ejemplo, se ha observado que las mujeres presentan una escalada más rápida desde una ingesta casual de una droga hasta la adicción, una mayor respuesta de privación con la abstinencia, y tienden a presentar una mayor vulnerabilidad que los hombres respecto a los resultados del tratamiento.


Dopamina y recuperación de adicciones


Luego que se establece la dependencia fisiológica y psicológica del consumo, abandonar este patrón de conducta no es una tarea sencilla. El camino de este aprendizaje ha sido tallado en piedra desde un punto de vista neuronal. Quizás sea debido a esto que suele decirse que no resulta tan difícil dejar de consumir como aprender a vivir sin consumir.


El recuerdo del subidón inmediato asociado al consumo suele ser lo suficientemente potente para inhibir otros más relacionados con las consecuencias adversas y generar un tirón (entendido como ansia por consumir). Casi cualquier emoción o situación es capaz de generar un tirón.


De la capacidad y recursos que tenga una persona en recuperación dependerá que pueda mantener su abstinencia. Este es un camino que difícilmente se puede lograr estando solo, se necesita ayuda y apoyo.


Recuperarse es cambiar, reconectar y reconfigurar el concepto y la relación que la persona tiene con las fuentes de obtención de placer y recompensa. Desde un punto de vista neuronal, encontrar nuevas fuentes de obtención de recompensa, placer y motivación donde la liberación de dopamina refuerce el aprendizaje de patrones de conductas funcionales y prosociales resulta fundamental.


¡Feliz semana!

Boris C. Rodríguez Martín PhD.

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