La fuerza del amor para la recuperación de las adicciones




Muchas veces hemos escuchado frases como “el amor lo cura todo”. Se dice que, para ser feliz, una persona necesita tener una esperanza, un amor y algo que hacer. El amor es una emoción que podríamos ubicar en la dimensión espiritual. Es decir, es una emoción trascendente.

El amor es una fuerza fundamental para la existencia humana. Además, juega un importante rol para tener una buena salud y bienestar. Por último, estoy convencido que es una emoción necesaria para la supervivencia.

Cuando se habla del amor muchas veces se piensa en el amor romántico de forma automática, pero es una emoción que va mucho más allá. Es un sentimiento multifacético que tiene diferentes expresiones en diferentes contextos, como puede ser la familia, los amigos, el arte, la naturaleza, la patria o la humanidad, entre otros muchos ejemplos.

Lo cierto es que encontrar o, mejor dicho, conectar con el Amor puede cambiar la vida de una persona de formas insospechadas. Nada muestra mejor su función que las películas navideñas. Sobre todo, aquellas historias de personas amargadas y solitarias que cambian completamente al encontrar el amor.

Más allá del cliché, es posible afirmar que el amor es lo opuesto a la soledad o el aislamiento. El amor es conexión y va mucho más allá de juntar a personas que se sienten solas. Se trata de que interactúen, compartan, se valoren y ayuden los unos a los otros.

Este es el principio por el que se forma un grupo de ayuda mutua. Sentir la conexión con otra persona o con un grupo no requiere de la presencia física de sus miembros en muchas ocasiones. Ello no significa que no sea necesaria la interacción presencial para lograrla, pero implica que es capaz de trascenderla.

Si bien es un concepto con múltiples aplicaciones, en este post quiero resaltar la importancia del Amor para la recuperación de adicciones. Quizás resulte obvio para muchos, pero el amor es la fuerza que mueve y, a la vez, se alimenta de la conexión y el servicio en los grupos de ayuda mutua.

Del egocentrismo a la conexión.

Una frase muy común que escucho en adictos en recuperación que comienzan a asistir a grupos de ayuda mutua de Alcohólicos Anónimos o Narcóticos Anónimos es “voy al grupo a cargarme de energía". Si bien es una percepción subjetiva irrebatible, las preguntas que siempre me hago y muchas veces les comparto es “por qué te cargas” y “de dónde viene la energía”.

Las primeras explicaciones que obtengo suelen ser bastante reducidas y egocéntricas, como si de un móvil que se conecta a una fuente de alimentación se tratase. Es decir, el grupo es una fuente de energía y la persona es el receptor que la recibe.

De esta forma, la persona que padece una adicción se acerca a la recuperación igual que se acercaba al consumo. Es algo que viene de fuera para llenar un vacío que se experimenta dentro, donde el receptor es un mero agente pasivo.

En la medida que avanza en el proceso de la recuperación, las personas van ganando conciencia que la energía para la “recarga” proviene de la interacción, la conexión y el compartir. En la recuperación de adicciones la abstinencia no se mantiene apretando los puños, sino que necesita del desarrollo de un grupo de virtudes o fortalezas del carácter.

En este contexto, la preocupación genuina por los problemas de los demás, el amor y el servicio resultan herramientas sumamente efectivas. Veamos un ejemplo a continuación.


Amor y Servicio

Conectar con un poder superior y ayudar a otras personas se consideran elementos clave para consolidar la recuperación. En la revista Alcoholism Treatment Quaterly, fueron publicados los resultados de un estudio,que se define como el primero en explorar la relación entre la combinación específica de ambos valores espirituales.

En el mismo se exploró la relación entre la ayuda a los otros y la conexión con una fuente de amor divino, con la reducción de actos criminales, la sobriedad y el desarrollo del carácter en los adolescentes evaluados.

El estudio fue llevado con 195 adolescentes entre 14-18 años, que ingresaron para recibir tratamiento y estaban condicionados por una orden judicial. Los pacientes ingresaron en un centro como residentes, donde recibían una media de 20 horas semanales de terapia.

La terapia incluía grupos con enfoque de género, grupos de familia, terapias individuales, psicoeducación y prevención de recaídas. También asistían también a tres grupos semanales de AA. Los adolescentes recibían esta intervención durante un mes y un seguimiento durante seis meses posteriores a la intervención. Debo aclarar que fueron excluidos del estudio pacientes con riesgo de conducta suicida u homicida.

Los resultados de la intervención fueron analizados tomando en cuenta un grupo de variables. Se evaluó la abstinencia, como el reporte de los días sin consumir. También fue corroborada por test de consumo de sustancias que se realizaban de forma sistemática.

De igual manera, el efecto del tratamiento sobre la humildad y el liderazgo fue tomado en cuenta. Finalmente, la participación en actividades criminales con poca consideración por la propiedad de otras personas también fue considerada como un indicador de defecto del carácter.

Como predictores de estos resultados fueron establecidas dos variables: el servicio a otros y el amor divino. Ambas tomadas de ítems o factores de instrumentos validados para la evaluación psicológica. Debo resaltar que las puntuaciones obtenidas por los adolescentes en ambas variables antes de iniciar el tratamiento eran sumamente bajas.

Al finalizar los seis meses de seguimiento los cambios fueron muy positivos en las variables de resultado. Solamente el 25% de la muestra se había visto involucrado en actos criminales y menos del 5% había consumido sustancias.

Los cambios en virtudes como humildad y liderazgo fueron muy escasos. Sin embargo, los elevados valores en servicio y amor divino obtenidos durante el tratamiento se asociaron a los resultados más positivos obtenidos por los adolescentes en el estudio.

Los elevados valores de servicio fueron positivamente asociados con los días en abstinencia y la reducción del riesgo de cometer actos criminales. Por otro lado, la interacción de elevadas puntuaciones en servicio y la experiencia del amor divino potenciaban aún más estos resultados. Un 63% de los adolescentes con bajas puntuaciones en ambas virtudes reincidieron en actos criminales, mientras que solamente el 7% de los que mostraron puntuaciones altas lo hicieron.

En definitiva, los resultados del estudio fueron sumamente positivos para el 75% de los adolescentes que participaron y los mismos se encuentran fuertemente relacionados con los valores espirituales de la práctica del servicio a los otros y la experiencia de recibir amor divino, a través de la conexión establecida con un poder superior.

A modo de conclusión.

En resumen, el amor es una emoción trascendente necesaria para la salud el bienestar y la supervivencia. Es un sentimiento multifacético que tiene diferentes expresiones en diferentes contextos más allá de su representación romántica.

Es el antídoto para la soledad y el aislamiento que sufren muchas personas, como ocurre en el caso de las adicciones. En el área de la recuperación de adicciones es el sentimiento que nos conecta con el grupo a través del servicio, la implicación y la ayuda mutua.


¡Feliz semana!

Boris C. Rodríguez Martín PhD.

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