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El aburrimiento y su relación con las adicciones



No saber gestionar el aburrimiento resulta un factor de riesgo que no puede ser pasado por alto para el tratamiento de las adicciones. En la Clínica Recal para el Tratamiento de Adicciones, el desarrollo de estrategias funcionales para la gestión del aburrimiento y el tiempo libre es un objetivo prioritario.


“¿Qué hago con tanto tiempo libre?” “Es que no sé estar sin hacer nada”. Estas son frases que ilustran la dificultad de muchas personas para manejar el aburrimiento.

El aburrimiento es un estado en el que no solemos tomar buenas decisiones, básicamente porque no sabemos estar a solas con la persona con la que estamos obligados a convivir el resto de nuestras vidas: nosotros mismos.


En este sentido, el consumo se convierte en una de las principales maneras de gestionar el aburrimiento. Acciones tan cotidianas como fumar, beber, comer, o ver series de televisión como si no hubiera un mañana son ejemplos de una mala gestión del tiempo libre.


En muchos testimonios de adictos en recuperación se pueden identificar cómo los momentos de ocio y aburrimiento han sido importantes detonantes de sus consumos y recaídas. Debido a ello, considero importante analizar este estado y su relación con el uso y abuso de sustancia.


¿Sabemos cuán arriesgadas pueden ser nuestras decisiones bajo los efectos del aburrimiento?


Un artículo publicado en el Journal of Behavioral Decision Making, compiló los resultados de tres experimentos sobre la toma de decisiones en situaciones de aburrimiento.


En el primero se observó que las personas con alta propensión al aburrimiento informaron una mayor toma de riesgos en los ámbitos financiero, ético, recreativo y de salud o seguridad.


En el segundo, se pidió a los participantes tomar una serie de decisiones arriesgadas. Pues bien, en condiciones de aburrimiento se observó un mayor incremento de este tipo de decisiones.


Por último, en el tercero se analizaron la toma de riesgos en las apuestas. Los resultados confirmaron que mientras más aburridos se sentían los participantes la probabilidad de arriesgar más en las apuestas se incrementaba.


Debo decir que los investigadores tomaron en consideración la capacidad de autocontrolarse de las personas. Se observó que el efecto del aburrimiento no solo afecta las personas con dificultades en el autocontrol, sino que tiende a debilitarlo en personas que no suelen tener dificultades para controlar sus impulsos.


Este último dato es muy importante, porque en una situación especial muchas personas sin dificultades en el control de sus impulsos también están en riesgo de tomar riesgos innecesarios bajo los efectos del aburrimiento.


¿Por qué nos aburrimos?


Para responder esta pregunta me remitiré a un artículo publicado en Current Directions in Psychological Sicence. En el mismo se aborda el aburrimiento como indicador afectivo que nos alerta cuando no podemos prestar atención o encontrar significado a lo que estamos haciendo.


Este estado nos informa que no tiene sentido mantener nuestro curso de acción, pues la actividad en sí ha perdido su valor o significado. En fin, es la bombilla del coche que indica que hay detenerse y hacer ajustes. Se puede dividir en tres categorías:


1. Aburrimiento atencional.

2. Aburrimiento por falta de sentido de la actividad.

3. Aburrimiento mixto (falta de atención y sentido de la actividad).


Aunque el aburrimiento atencional puede darse por la poca estimulación, también puede ocurrir por el exceso estimulación o presión. En este último caso el aburrimiento se acompaña de agitación y frustración. La actividad puede ser motivante, pero la agitación impide a la persona llevarla a cabo.


Por su parte, el aburrimiento por falta de sentido de la actividad puede tener varios niveles que van desde dejar de ver una peli en la tarde del domingo hasta el denominado aburrimiento existencial.


El aburrimiento existencial se vivencia cuando la persona percibe que carece de metas, objetivos o un proyecto vital. Se asocia a una sensación de vacío por la pérdida de valor de las actividades que usualmente motivaban a las personas.


Aburrimiento y consumo.


Resulta importante resaltar que no estoy hablando de adicciones sino de consumo. Por tanto, los conceptos de uso y abuso ganan más relevancia que los de dependencia.


Para muchas personas el alcohol es un buen acompañante de sus momentos de aburrimiento. La relación entre la percepción de no tener nada [interesante] que hacer y el consumo de alcohol y otras drogas ha sido explorado en no pocos estudios.


Por ejemplo, en uno llevado a cabo en Australia se observó que los adolescentes y jóvenes que percibían su tiempo libre como insatisfactorio o incompleto tendían a buscar actividades donde el consumo de alcohol y otras drogas estuviera presente, así como otras conductas perjudiciales para su salud y bienestar.


También se ha analizado la gestión del aburrimiento y el miedo a “perderse algo” a través del uso compulsivo de las redes sociales, los videojuegos o los teléfonos móviles. Los resultados de estos estudios tienden a confirmar lo que con un poco sentido común se puede suponer.


La paciencia es amarga, pero sus frutos son dulces


Quizás esta frase sea bastante literal si pensamos en el experimento del malvavisco. En el mismo se daba la posibilidad a unos niños muy pequeños (3-5 años) de elegir entre comer una golosina en el momento o esperar 15 minutos y recibir dos golosinas.


Desde nuestro punto de vista de adultos “maduros” la respuesta parece simple. Sin embargo, para un niño de 3 años no es tan fácil esperar 15 minutos para obtener una segunda golosina. ¡Es una eternidad!


El resultado del estudio se comportó como la vida cotidiana, algunos niños pudieron resistir el impulso de comerse la golosina y otros no. Cuando se analiza las estrategias de autocontrol utilizadas por los pequeños para resistir la tentación, algunas coinciden con las recomendadas para gestionar el aburrimiento.


¿Cómo podemos gestionar el aburrimiento?


Según el artículo citado previamente, existen cuatro vías para gestionar el aburrimiento. La primera de ellas consiste en regular las demandas cognitivas. Esto quiere decir, esto quiere decir que debemos reducir o aumentar, según sea el caso, el grado de complejidad de la tarea de modo que se reactive nuestro interés por lo que estamos haciendo.


La segunda vía consiste en regular los recursos cognitivos. El aburrimiento muchas veces se produce por un agotamiento de los recursos cognitivos para hacer frente una tarea. La planificación de nuestras actividades del día suele ser un buen recurso.


La tercera consiste en regular el valor objetivo. Existe que pasan la semana refunfuñando en el trabajo porque quiere estar en casa, pero llega el fin de semana y se quejan por estar casa sin plan. En estos casos, resignificar el valor de una tarea cotidiana puede ser un buen ejemplo. Ej. “Hoy ordenaré el armario”.


La cuarta y última vía consiste en cambiar las actividades. En las opciones anteriores se apela al cambio interno para lidiar con el aburrimiento. No obstante, hay momentos en los que no resultan suficiente y solo queda cambiar de actividad.

A modo de conclusión


El aburrimiento es un estado en el que no solemos tomar buenas decisiones. Su efecto no solo afecta las personas con dificultades en el autocontrol, sino que tiende a debilitarlo en personas que no suelen tener dificultades para controlar sus impulsos.


El aburrimiento es un indicador afectivo que nos informa que no tiene sentido mantener nuestro curso de acción en el momento presente, ya sea porque nuestros recursos cognitivos se han agotado o la actividad en sí ha perdido su valor o significado.


El aburrimiento existencial es el más extremo. Se vivencia cuando la persona percibe que carece de metas, objetivos o un proyecto vital. Se asocia a una sensación de vacío por la pérdida de valor de las actividades que usualmente motivaban a las personas.


Algunos estudios resaltan que el consumo de sustancias y/o comportamientos se convierte en una de las principales maneras de gestionar el aburrimiento. Esto puede ser perjudicial para la salud y el bienestar de las personas.


Por último, se proponen cuatro vías para gestionar el aburrimiento: 1) regular las demandas cognitivas; 2) regular los recursos cognitivos; 3) regular el valor objetivo y 4) cambio de actividad.


¡Feliz semana!

Boris C. Rodríguez Martín PhD

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