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Dejar las drogas para engancharse a Tinder



Tinder es una de las aplicaciones de citas más utilizadas. Probablemente sea la más famosa de todas. Actualmente cuenta con más de 50 millones de usuarios y 10 millones de usuarios activos a diario. Está disponible en 24 idiomas y sus cifras de emparejamientos supera los 20.000 millones. ¡Vaya si se liga! Deslizar a la izquierda para seguir y a la derecha si te gusta es todo lo que su poderoso algoritmo de emparejamiento necesita que hagas para aprender. Eso… y los datos del perfil.


En este post no me referiré al potencial adictivo del uso excesivo de Tinder. Me interesa más su efecto como conducta hacia la que muchos adictos en recuperación desplazan su compulsión. En la Clínica Recal llevamos años viendo como Tinder se convierte en una reserva para que muchos de nuestros pacientes puedan mantener su abstinencia. Sobre todo, los jóvenes.


Mantener la abstinencia y prevenir las recaídas son objetivos muy importantes en el proceso de la recuperación de adicciones. En este camino, la gestión de emociones y defectos de carácter o la identificación de detonantes y reservas son herramientas sumamente útiles.


Un detonante es una conducta directamente relacionada con el consumo, por ejemplo, ir a una discoteca con amigos que consumen. Por otro lado, una reserva es una conducta que no está directamente relacionada con el consumo, pero que puede poner a la persona en riesgo. En el caso de que no exista un comportamiento sexual compulsivo o una adicción al sexo de base, Tinder se debería clasificar como una reserva.


Nuestro modelo de tratamiento presta mucha atención que no se sustituya una adicción por otra o por cualquier conducta que pueda detonar la compulsión. En las etapas iniciales de la recuperación suele ser bastante corriente que un adicto busque un reemplazo para obtener un “subidón”. Hemos visto de todo, desde ponerle más picante a las comidas hasta hurtos en los supermercados. En este último caso tienen el dinero para comprar el producto, pero suelen referir que “necesitaba sentir esa adrenalina”.


El romance como reemplazo

No hay nada más bello que el amor, como queda reflejado en el título y contenido de miles de libros, poemas, canciones y películas. Dos personas que se encuentran y conectan es la síntesis de un proceso que resulta muy estimulante.


En los centros de recuperación de adicciones, luego de un tiempo, abundan la abstinencia y el sano juicio. Los pacientes conectan y comparten sus experiencias a un nivel que no se suele ver en la vida cotidiana. Muchos vienen de un infierno y, al estar en un lugar seguro, se envuelven en una “nube rosa” donde todo es maravilloso.


Es un contexto ideal donde “el amor está en el aire” y muchas personas creen encontrar su media naranja entre sus compañeros de recuperación. ¡Quién puede negar que no sea así! El pequeño problema es que se hace a espaldas del equipo terapéutico, que suele desaconsejar este tipo de relaciones y se implica a otros compañeros en conductas deshonestas, al pedirles que no lo informen. Quizás no es el camino más inteligente, cuando la Honestidad es uno de los valores en los que se sustenta el Programa.


También ocurre de forma similar cuando salen con alta terapéutica y asisten a grupos de ayuda mutua como AA o NA. Hasta aquí ningún problema. Sin embargo, se ha visto que en las etapas tempranas de la recuperación se tiende a buscar más la estimulación del sistema de recompensa que provoca la etapa inicial de una relación que la conexión en sí misma. Aunque la persona no sea consciente, lo que busca es algo estimulante para reemplazar el subidón de las drogas.


En un post previo hice referencia a los peligros de buscar compulsivamente el romance y el amor. En su etapa inicial, una relación suele ser muy estimulante y hasta “adictiva”. Todo esto ha ocurrido desde siempre y sin la “ayuda” de Tinder. La diferencia es que era un proceso más lento, menos accesible y con opciones bastante limitadas.


Tinder: el “camello” de los ligues

Tinder ha cambiado las reglas del juego. Para estos adictos en recuperación, Tinder se convierte en su nuevo “camello”. Algunos podrían pensar que estoy exagerando. ¿Qué tiene de malo quedar con chicos o chicas con los que somos compatibles (según un algoritmo) para conocerse mejor? Quizás nada para muchos.


De hecho, es un instrumento que facilita el emparejamiento a la mayoría de las personas que buscan una relación. Un estudio titulado Love me Tinder encontró que las principales motivaciones para el uso de esta APP fueron, entre otras, encontrar el amor, tener sexo casual, la autovalidación y/o sentir la excitación de la conquista.


Sin embargo, para otras puede ser solo un “coto de caza” para ligar. En este contexto Tinder se convierte en la puerta a un camino de excesos y promiscuidad. En otra investigación se pudo determinar la existencia de tres perfiles de usuarios. Uno nada problemático, uno de riesgo y otro altamente desregulado.


En el perfil nada problemático o regulado se agruparon personas con baja impulsividad, elevada autoestima, apego seguro, deseo sexual diádico medio-alto y buen estado de ánimo. Estos usuarios muestran interés tanto por el sexo causal como por encontrar un compromiso. Incluso destaca un pequeño subgrupo que parece más interesado en ver cuánto gustan que en tener relaciones reales con otros usuarios.


El perfil de usuario de riesgo se caracteriza por un estilo de apego inseguro, de tipo evitativo, elevado deseo de prácticas sexuales en solitario y un bajo nivel de autoestima, conciencia y búsqueda de nuevas sensaciones. Quizás buscan fantasear con las parejas que la APP les marca como afines, pero sin arriesgar, para evitar ser rechazados. Todas estas características coexisten con un marcado estado de ánimo depresivo.


Por último, el perfil altamente desregulado agrupa a personas con elevada motivación de uso de la APP, marcadas características de apego ansioso, impulsividad y búsqueda de sensaciones. La autoestima se ubica en un rango moderado y el deseo sexual se satisface de las dos formas anteriores. Encuentran la satisfacción bien desde la fantasía o mediante la búsqueda activa de parejas sexuales. Sus elecciones no suelen ser buenas dado que están mediadas por una elevada inmediatez en la satisfacción de sus necesidades.


Cualquiera que sepa cómo funciona la psicología de las adicciones comprende en que grupo podríamos ubicar a la mayor parte de las personas que se encuentran en una etapa temprana de recuperación de adicciones. También podrá comprender por qué el uso de esta APP se convierte en una reserva dado que podrían usarla como un nuevo “camello”.


Ten cuidado con lo que pides

Hay que tener cuidado con lo que se desea, porque no siempre combina con lo que se necesita. De hecho, muchas veces suelen ir en direcciones totalmente opuestas. En el caso de Tinder sería buscar sexo causal y muchos ligues o, por el contrario, intentar encontrar una pareja compatible con la que entablar un compromiso llegado el momento.


Un estudio que analizó la relación entre el uso de Tinder y el bienestar encontró que cuando su uso es compulsivo con la motivación de ligar el saldo final está más relacionado con experiencias de preocupación, tristeza y ansiedad. Obviamente, también se asocia a una momentánea sensación de alegría cuando se consigue la conquista o la persona constata que gusta. Sin embargo, el saldo final sobre el bienestar es más negativo que positivo.


Una de las explicaciones posibles es que, a mayor uso de la APP para buscar encuentros, mayor es la comparación que se establece con otros “competidores”. A eso habría que sumar el historial de éxitos y fracasos en las citas o la propia retroalimentación que ofrece la APP.


En fin, es una herramienta de conexión que mantiene activado el sistema de recompensas y favorece el uso compulsivo que lleva al “enganche”. Este uso compulsivo pasa una notable factura a nuestro bienestar en forma de preocupaciones, ansiedad y tristeza; aunque provea de algo de alegría a corto plazo. También existe el riesgo de conocer personas que usen drogas y se conviertan en un detonante de consumo.


A modo de conclusión diré que, quizás para una persona que padece una adicción y se encuentra en una etapa temprana de recuperación, comenzar a utilizar Tinder puede traer más riesgos que beneficios. Vale la pena que le dediquemos un pensamiento al tema.


¡Feliz semana!

Boris C. Rodríguez Martín PhD.




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