¿Debemos exigir un control de drogas en las decisiones de alto nivel?




A nadie sorprende que las autoridades de tráfico realicen operativos sistemáticos de control de drogas para detectar el consumo de alcohol y otras drogas en los conductores. Está ampliamente comprobada la relación que existe entre el consumo de estas sustancias y los accidentes de tráfico.


Aun así, no nos cansamos de ver en las noticias cómo siguen ocurriendo accidentes graves y otras lamentables escenas de personas que comienzan a hacer “ejercicios” en los propios controles con la intención de no ser “detectados”.

Está cada vez más cercano el día en que los coches tengan un alcoholímetro incorporado, que impedirá la puesta en marcha del vehículo si el conductor supera los límites establecidos. Me pregunto si solo medirá los niveles de alcohol, pues no son pocas las drogas que afectan a la conducción y no todas son ilegales. Algunas se obtienen con una prescripción médica y para tratar temas muy comunes. En fin, sería bueno que estuviera operativo antes de que los coches comiencen a funcionar sin conductor.


Tampoco nos escandaliza que los deportistas de alto rendimiento sean sometidos a controles antidopaje para garantizar una competición justa. ¡Nadie protesta por la supuesta violación que ello supone de los derechos fundamentales de estas personas! Se asume y ya está. Es comprensible, pues representan la imagen de una nación o equipo y no sería justo para el resto.


La prensa puede hacerse eco de la noticia y aquel que transgrede está en el foco de la atención, a niveles prácticamente de acoso, mientras la noticia esté “viva”. Por si fuera poco, se han señalado o sancionado a determinados países por alentar estas prácticas desde sus propias federaciones deportivas.


En lo personal creo que el control de drogas debería realizarse de forma sistemática en todos aquellos puestos y procesos que impliquen una toma de decisiones de alto nivel. Para ser sincero, no había pensado mucho en el tema hasta que salió la noticia del positivo de cocaína en 11 de los 12 aseos analizados dentro del Parlamento Británico.


De momento el hallazgo solo señala a los aseos, pero abre la puerta a muchas especulaciones. Me gustaría dedicar este post a compartir algunas ideas sobre el efecto de las drogas en nuestros procesos de toma de decisiones.


Consumo de drogas y toma de decisiones

Son numerosas y recientes las investigaciones científicas hablan de las decisiones impulsivas, riesgosas y en muchas ocasiones poco acertadas que puede tomar cualquier persona (rata o primate) bajo los efectos de la cocaína, que es la droga que ha encabezado el titular de la prensa. Sin embargo, como ya adelantaba, son más numerosas las sustancias que tienen pueden afectar nuestros procesos de toma de decisiones, muchas de las cuales son legales.


El efecto de algunas drogas y fármacos sobre la conducción son preguntas obligadas en muchos exámenes teóricos para obtener el permiso de conducir. Al estudiar, muchos manuales hacen sugerencias de evitar conducir si se están realizando ciertos tratamientos médicos.


Me pregunto si es correcto que personas cuya toma de decisiones nos afecta a todos tomen decisiones sin estar en su “mejor forma” para hacerlo. Esta opinión incluye a cualquier droga o dosificación que afecte el proceso de toma de decisiones, no solo las ilegales. El tema de análisis con las drogas ilegales, sin embargo, tiene otras aristas para su análisis.


El hecho de llevar una sustancia ilegal como la cocaína a un Parlamento, la lleve quien la lleve, denota que (sin entrar en temas éticos por todas las implicaciones que tiene), como mínimo se ha tomado una mala decisión. Dar una fiesta sin mascarilla y restricciones en un momento en que un país se encuentra confinado también lo es. De hecho, la noticia de la fiesta en Downing Street ha hecho que la de las drogas en los aseos del Parlamento Británico pierda relevancia.


Entiendo que una de las razones principales por las que elegimos a nuestros representantes (al menos en los países democráticos donde existen elecciones libres) es para que tomen decisiones que van a tener un impacto en la vida de todos. Los políticos se pueden equivocar, tomar malas decisiones o simplemente decisiones que no nos gusten. Lo que a mí me gustaría, al menos, es que las tomen con las mismas garantías que le exigimos a deportistas de élite o a cualquier conductor.


Podría parecer un tema nuevo, pero no lo es. “El efecto de las drogas sobre las decisiones políticas” es el título de un artículo publicado en los años 80 del siglo XX en la revista científica Politics and the Life Sciences.


Conductores, deportistas y políticos

Antes de comenzar este epígrafe quiero dejar claro dos ideas fundamentales. En primer lugar, consumir puntualmente no es un delito y no supone un mayor problema para la mayoría de las personas. En segundo lugar, nadie que padezca una adicción debe ser estigmatizado, sino que debe recibir la ayuda necesaria para poder recuperarse.


También parto de la base de que comprendo que no todo el que consume puntualmente desarrolla una adicción, pero existe evidencia del efecto que tienen determinadas sustancias en el proceso de toma de decisiones de una persona. En el caso que nos ocupa no hablamos solo de decisiones con consecuencia para el propio individuo o las personas de su entorno, sino que pueden tener un alcance mayor.


El interés científico en este tema no es nuevo. Realizando una búsqueda encontré un artículo de 1984 publicado en el Journal of Conflict Resolution, donde el autor expresa esta misma preocupación. Hace referencia a los efectos de un grupo de sustancias legales e ilegales en las que incluso incluye hasta el café.


Los representantes públicos son una especie de “conductores de un autobús” en el que vamos todos y deberíamos garantizar que sus decisiones, al menos las importantes, no se tomen bajo los efectos de ninguna sustancia. Tenemos un alto nivel de exigencia con conductores y deportistas. Estos últimos no pueden tomar ni siquiera un analgésico antes de una competencia, para no arriesgar a dar positivo.

A los deportistas no se les hacen controles cada día de su vida, sino que solo deben acreditar que se encuentran “limpios” en determinados momentos competitivos clave. Igualmente, tener un permiso de conducción no obliga a realizarse un control, al menos que la persona en cuestión se encuentre al volante ¿Por qué no aplicar ese mismo canon a los políticos? Por ejemplo, antes de votar sobre temas importantes que nos afecten a todos.


Las lecciones sociales de la COVID-19 y la vacunación masiva

Existen diversas profesiones donde las personas deben tomar decisiones importantes para la vida de otros con los que no suele tener ningún tipo de conexión, previa o futura. La Pandemia del coronavirus ha traído muchos debates con el tema de las vacunas y las medidas para incentivar la vacunación, que podrían tener aplicación con el tema de las drogas ilegales y las condiciones y niveles en las que pueden consumirse las que son legales.


Nadie es criminalizado o va a la cárcel si toma la decisión de no vacunarse. No se puede obligar a una persona a vacunarse, pero muchos países de Europa toman medidas que están consiguiendo “incentivar” la vacunación.


Estas medidas han inclinado a millones de personas a tomar la decisión de vacunarse. El incremento considerable de aquellos que se vacunan para obtener el pasaporte COVID es una muestra de ello. Ha quedado en evidencia de que no todo el que no se vacuna tiene una posición antivacunas. A veces es simplemente un proceso de postergación, donde se combinan el miedo y la pereza.


De igual forma, podrían tomarse medidas que inclinen la balanza hacia la decisión de que no compensa consumir drogas. Lo interesante es que puede hacerse sin tener que estigmatizar a nadie para lograrlo. Son políticas que pueden coexistir y complementar a otras orientadas hacia la reducción de daños, como las “salas para consumir” en un entorno seguro.


Se conoce que, en las etapas tempranas de la recuperación, el control sistemático de la abstinencia mediante la realización de pruebas sorpresivas y periódicas se convierte en un importante mecanismo de regulación para muchas personas. Es decir, funciona como un mecanismo de control a la vez que es un instrumento de evaluación.


Imagino que algo similar ocurre en la mente de muchos conductores que, se abstienen de beber si saben que van a conducir luego o de conducir, una vez que han decidido beber. La remota probabilidad de ser sometido a un control en carretera o el conocimiento de la mera existencia de estos funciona como un freno. Obviamente no funciona para todos, pero sí para muchos.


No sé si la idea de realizar un control de drogas a nuestros representantes públicos en momentos clave gustará, pero al menos espero que este post sirva para alimentar el debate. En definitiva, solamente gestionan los fondos del país y proponen y aprueban leyes que nos afectan a todos. Asuntos quizás tan importantes como correr 100 metros planos o ir en sentido contrario por la A6.


¡Feliz semana!

Boris C. Rodríguez Martín PhD.



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