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Chemsex: la puerta de entrada de la viruela del mono en España




La viruela del mono es una enfermedad que tiene su origen en el continente africano, cuya incidencia puede decirse que lleva dos décadas en crecimiento. Ello ocurre por una combinación de factores dentro de las que destacan el cese de la inmunización contra la viruela, la deforestación y la presión demográfica en el área del bosque tropical. Cada año se detectan miles de casos y se informa de no pocos fallecidos.


La viruela del mono fue detectada en 1958 y no es hasta los 1970 que se detecta el primer caso en humanos. No es este el primer brote que se propaga fuera de África. Ya en Estados Unidos se propagó a inicios de este siglo por la importación de un tipo de roedores que se comercializaban como mascotas.


Este es un preámbulo necesario porque es necesario aclarar que no se trata de una enfermedad de transmisión sexual, ni tampoco tiene que ver con la orientación sexual del que la porta y la transmite. En esta ocasión, la propagación del brote que se ha identificado en España se ha iniciado en fiestas de chemsex, como en otras ocasiones ha sido introducido por mascotas.


El término chemsex, que se origina de un anglicismo que recoge las abreviaturas de las palabras chemicals y sex, es utilizado para designar el consumo de drogas con el fin de facilitar la actividad sexual. Las personas que lo practican consumen las mal llamadas drogas recreativas para realizar, bajo sus efectos, actos sexuales de alto riesgo como ha ocurrido con la propagación de ésta y de otras enfermedades.


¿Cuál es la población mayor alto riesgo?


Algunos estudios sugieren que es una práctica minoritaria, mayormente extendida entre hombres que tienen sexo con hombres. Un metaanálisis de 38 estudios sobre el tema, ha estimado que este fenómeno podría ser una práctica habitual para el 15% de esta población. Según algunos estudios, solamente el 25% de los que lo practican, reconoce que esta práctica ha tenido un impacto negativo en su vida, con la consecuente pérdida de salud, amigos, pareja o empleo.


Otro estudio evaluó, a través de una encuesta anónima por Facebook, a 1500 hombres que practican sexo con otros hombres. Los resultados mostraron que, aunque el 41% hacía uso de drogas para mejorar el desempeño sexual, solamente el 6% practicaba chemsex.


Un tercer estudio evaluó el contexto personal y social del chemsex en esta población. Los resultados revelaron que alrededor de la mitad habían sido introducidos recientemente por sus parejas en el consumo de drogas, con el único objetivo de llevar a cabo estas prácticas.


Bajo el efecto de estas sustancias, las personas han reportado estar 72h en orgías, sin comer o dormir. La mayoría describe dificultades para tomar la “dosis correcta”, así como dificultad que ello genera para poner límites o negociar determinadas prácticas por temor al rechazo o la desaprobación, especialmente cuando el sexo se practica en grupo. Por otro lado, las relaciones consentidas es un problema por el que solo reportaron preocuparse un pequeño grupo de los entrevistados.


Obviamente el riesgo de contraer infecciones de transmisión sexual es enorme, así como otras que se transmiten por contacto. Sin embargo, a pesar de experimentar estos y otros problemas tanto físicos como mentales, muchos no buscan ayuda profesional por miedo a ser juzgados o preocupaciones acerca de la preparación de los profesionales para tratar estos temas.


Un elemento que alarma es la facilidad con la que se puede acceder a este tipo de actividades mediante diversas aplicaciones con geolocalización. Aunque una vez conectadas varias personas para la “fiesta”, el resto puede salir de las propias listas de contacto de los organizadores.


“Colocados y cachondos”, esta es una de las capturas de pantalla de numerosos sitios de “morbo y vicio” que se fueron recopilando durante 5 años para un estudio realizado en España sobre el perfil de usuario y las Apps que pueden ser utilizadas para contactar.


¿Cuáles son los motivos para practicar chemsex?


Los estudios revisados señalan la búsqueda del efecto estimulante (ponerse “cachondo”), intensificar la potencia y el placer sexual, mayor desinhibición para hacer cosas que no serían capaces de hacer en sobriedad.


También se ha reseñado aumentar la resistencia (“alargar el polvo”) o facilitar ciertas prácticas que podrían resultar dolorosas. En este último punto se reseña la práctica del fisting (introducción parcial o total de la mano por la vagina o el ano) es usualmente acompañada del consumo de Popper y/o Ketamina. En estos eventos, la mayoría de los participantes no usa condón.


Otras motivaciones pueden ser la búsqueda aceptación o sentido de pertenencia a un grupo. Algunas personas refieren estar guiadas por la búsqueda de intimidad cuando la interacción es uno-a-uno. Por último, se ha referido el alivio de estados de ánimo negativos.


En España, el consumo de drogas entre las personas que practica chemsex puede ser muy variado. Además del GHB, mefedrona o cristal, suelen usar cocaína, ketamina, speed o éxtasis, aunque no se dispone de datos para determinar la magnitud del problema.


No obstante, se estima que la cifra podría alcanzar entre el 30 y el 50% de los hombres que frecuentan locales de ocio gay. Estos datos son preocupantes, pues no incluyen el sexo bajo el consumo de alcohol.


Un estudio publicado en la Revista Española de Drogodependencias, donde se evaluó 15 pacientes (25-54 años) en el CAD de Arganzuela (Madrid) esboza algunas características a tomar en consideración.


El 60% de los pacientes tenía estudios universitarios, el 70% estaba laboralmente activo y el 53% vivían solos. La totalidad estaba diagnosticada como trastorno por consumo de mefedrona grave, con una dosis media de 3 gramos por consumo. El 73% de la muestra practicaba sus actividades sexuales en grupo (utilizando aplicaciones geosociales para encontrar compañeros de sesión) y el 86% no usaba condón.


Sustancia de preferencia y evolución temporal


Los resultados de un seguimiento de tres años a un grupo de 400 hombres que tienen sexo con hombres, realizado con el objetivo evaluar el cambio de actitudes hacia el chemsex, así como la comprensión del riesgo de contraer VIH.


Los participantes eran más de 1400 pacientes VIH-negativo o sin diagnosticar, ingresados en varias clínicas de salud sexual en Londres. Llama poderosamente la atención que, alrededor del 77% de los participantes tenían estudios universitarios. El 30% practicaba chemsex y de estos, el 27% usaba mefedrona, el 18% GLB/GHB y el 10% cristal o Tina.


También se observó una asociación clínicamente significativa entre los síntomas de depresión y ansiedad y estas conductas sexuales de alto riesgo. Se observó una reducción significativa del chemsex al final del seguimiento en aquellos participantes que declararon usar mefedrona y GLB/GHB. Solo el 10% de los primeros y el 8% de los segundos reportaron seguir practicándolo.


Ello contrasta con la dificultad de los consumidores de cristal para cesar estas prácticas, sin apenas cambios al final de seguimiento. Es un dato que permite separar el pronóstico para aquellos que buscan ayuda, tomando en cuenta la sustancia de preferencia.


Al analizar los resultados de cada paciente al final del seguimiento, el 65% reportó no continuar con estas prácticas sexuales desde el primer corte evaluativo y al final la cifra había subido hasta el 90%. Alrededor del 2% reportó haberlo practicado solo una vez durante todo el período y el 6% al menos una vez al mes.


Aunque los resultados parecen esperanzadores, solo comprenden aquellos que se mantuvieron hasta el final, pues el estudio tuvo una tasa de abandono de dos terceras partes de los que iniciaron el estudio. Ello quiere decir que no se pudo realizar el seguimiento a alrededor de 1000 personas.


A modo de conclusión


El chemsex es una práctica emergente de alto riesgo para la salud, que suele predominar entre hombres que tienen sexo con hombres. Las sustancias de preferencia suelen ser GHB/GLB, mefedrona o metanfetamínas.


Con la evolución de las tecnologías resulta cada vez más sencillo encontrar sitios o contactar personas para llevar a cabo estos encuentros. Resulta difícil que estas personas busquen ayuda profesional y la mayoría de los enfoques consultados se basan en la reducción de daños.


El pronóstico de las personas que busquen ayuda podría depender del tipo de sustancia que utilicen. Por último, para llevar a cabo una intervención adecuada, se necesita el apoyo, coordinado por psiquiatría, de los servicios de salud y distintas ONG o Grupos de Ayuda Mutua, enfocados en la conducta sexual o las enfermedades asociadas.


Aunque el brote de la viruela del mono detectado en España ha ocurrido en el contexto de estas prácticas, no es una enfermedad de transmisión sexual ni tiene que ver con la orientación sexual de las personas.


¡Feliz semana!

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