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Café, cafeína y bebidas energéticas: El bueno, el feo y el malo




Despertar con una taza de café es un acto corriente gran parte de la población mundial. De hecho, cada día se consumen entre 1600-2000 millones de tazas de café en todo el mundo y se estiman unos 400 000 millones de tazas cada año.

Dado que el 65% de las tazas de café se ingieren durante la mañana podría decirse que es la chispa con la que arranca el motor del mundo. El incremento del consumo de café durante los últimos 35 años es del 95% y puede ser considerado como espectacular.

Aunque la media de consumo de café por persona es de 1,3 kilos cada año las variaciones que se producen entre los distintos países son abismales. Por ejemplo, en Finlandia la cifra alcanza los 12 kilos por año, cifra que es tres veces mayor que la de un consumidor promedio en España.

Del café se ha hablado mucho. Se dice que puede ser dañino y perjudicial y a la misma vez que puede ser bueno y proteger al organismo de numerosas enfermedades. En este contexto no pude evitar acordarme de la antológica película de Sergio Leone, “El bueno, el feo y el malo”.

El recuerdo de la peli no viene tanto por la trama, sino por la forma en la que trataré los tres “personajes” de este post: el café, la cafeína y las bebidas energéticas. Propongo que analicemos la creencia de una taza de café durante la mañana puede ser muy buena para la salud.

El bueno.

Un estudio publicado en Annals of Internal Medicine que realizó un seguimiento durante 10 años de más de 200 000 personas, encontró que aquellas personas que bebían menos de cuatro tazas de café al día, incluso añadiendo una cucharadita de azúcar tuvieron hasta 30% menos probabilidades de morir que aquellos que no bebían café. Al menos durante la década que duró el estudio. Aun mejor, quienes menos riesgo de muerte mostraron fueron aquellos que bebían tres tazas de café al día.

Este estudio citado replica a su vez, los resultados de otro con iguales características que siguió a medio millón de personas durante una década. Los resultados de este revelaban que una reducción de más del 15% para el riesgo de muerte prematura.

Otros estudios han revelado que su consumo moderado podía ser beneficioso para prevenir el desarrollo de la diabetes mellitus de tipo 2 y algunos accidentes cerebrales. Estos resultados se podían constatar aun en personas que tomaban café descafeinado, cuestión que pone en evidencia que los beneficios del café pueden provenir de otros de los muchos compuestos que contiene.

El café contiene miles de compuestos químicos entre los que se encuentran una gran cantidad de antioxidantes con efectos comprobados en la prevención y el retraso del daño celular. Quizás para muchos la cafeína sea el elemento que afea la imagen del café, debido a su relación con el malestar provocado la ansiedad o el insomnio que se puede experimentar tras su consumo.

El feo.

La cafeína, por su parte, es una sustancia amarga que puede encontrarse en la naturaleza en más de 60 plantes, dentro de las que se incluyen los granos de café, las hojas de té o las vainas de cacao. También se puede elaborar de forma sintética para ser añadida a medicamentos, alimentos o bebidas.

La cafeína tiene un grupo destacado de efectos sobre el metabolismo. El efecto estimulante aporta mayor vigilia, impulso y energía a través de la activación del Sistema Nervioso Central. También tiene un efecto diurético, facilitando la expulsión de agua y sal sobrantes a través de la orina.

Otros de sus efectos no son nada agradables o beneficiosos. Contribuye a aumentar la liberación de ácido en el estómago, provocando acidez. Impide la correcta absorción de calcio en el cuerpo y aumenta la presión arterial.

La cafeína alcanza su nivel máximo en la sangre una hora después de consumirla y se pueden seguir sintiendo sus efectos después de cuatro o seis horas. La cafeína comienza a dar problemas cuando se realiza un consumo excesivo de la misma. Hoy el consumo de bebidas energéticas supone un problema por la alta concentración de cafeína que tienen las mismas.

El malo.

Se entiende por bebidas energéticas aquellas que se comercializan para para aliviar la fatiga, mantener la vigilia y mejorar el desempeño físico o cognitivo. La comercialización de estas se orienta fundamentalmente hacia atletas, estudiantes y profesiones que requieren mantener el estado de alerta.

Estas bebidas se componen principalmente por cafeína, vitaminas y carbohidratos. También pueden contener otras sustancias naturales como taurina, guaraná o ginseng. En el presente post evitaré mencionar marcas, pues mi objetivo es alertar sobre su consumo excesivo y efectos. Solo hay que señalar que tienen una larga historia.

Los recipientes de bebidas energéticas de 500 ml pueden contener 160 mg de cafeína como promedio. Aunque la cifra puede variar desde 50 mg hasta 505 mg según un estudio publicado en Drug and Alcohol Dependence. De hecho, muchas marcas sugieren no consumir más de 1500 ml por día.

En la actualidad, se estima que existen más de 300 marcas en todo el mundo y sus ventas se han disparado un 500% a partir del año 2000. El elevado riesgo para la salud del consumo de bebidas energéticas ha sido documentado en numerosas publicaciones científicas. Un buen resumen se puede encontrar en un comentario publicado en 2011 en el Journal of American Medical Association, donde la intoxicación por cafeína es el primero en la lista.

Un estudio llevado a cabo en Australia, mostró que las llamadas a los servicios de urgencia debido a intoxicación con bebidas energéticas se habían incrementado de 12 en 2004 hasta 65 en 2010. El demandante de ayuda promedio solía ser un adolescente o joven, que hacía un uso recreacional de estas bebidas, con un consumo medio de cinco unidades.

Otro problema de salud sobre el que inciden las bebidas energéticas es la obesidad. Por ejemplo, se ha comprobado que las ratas que fueron expuestas a bebidas energéticas durante 15 días ganan mayor peso que sus controles, que ingirieron café y agua. Ello también es resultado del elevado contenido de azúcar que tienen estas bebidas.

También el elevado contenido de azúcar es el responsable del notable deterioro de la salud dental. Se ha observado un incremento de la cantidad de caries en los consumidores de este tipo de bebidas.

La calidad y ciclo del sueño suelen también puede verse afectadas en los consumidores de bebidas energizantes. Al evaluar alrededor de 2500 estudiantes universitarios, para explorar la relación entre los problemas del sueño y las bebidas energizantes, se pudo comprobar que una cantidad igual o superior a tres unidades por semana, puede ocasionar dificultades en el sueño. Luego muchos estudiantes recurren a otros medicamentos para poder conciliar el sueño.

Por último, deben ser revisados los efectos de las bebidas energéticas sobre la salud mental. En 2016 se publicaba una revisión sobre el tema en el Journal of Caffeine Research. Los investigadores encontraron vínculos entre el consumo de estas bebidas y la exacerbación de los síntomas en el trastorno bipolar o la esquizofrenia.

También reportaron estudios que avalan la aparición de manifestaciones de ansiedad, estrés, síntomas maníacos, depresión e intentos suicidas en persona sin antecedentes (personales o familiares) de enfermedades psiquiátricas. Por último, se observó una interesante relación entre el consumo excesivo de estas bebidas y una relación compulsiva con el sexo.

A modo de conclusión podría afirmar que un consumo moderado de café, incluso descafeinado, puede ser beneficioso para la salud. El problema viene asociado al consumo excesivo de cafeína, sobre todo en las altas concentraciones que presentan las bebidas energéticas. Una vez leído este post cada cual podrá entender cuál es el bueno, el feo y el malo en esta historia.

¡Feliz semana!

Boris C. Rodríguez Martín PhD.


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