top of page

Cómo dejar la marihuana: mitos y efectos de los porros


En el presente post me propongo explicar por qué es necesario dejar la marihuana. El consumo de marihuana y hachís se ha incrementado en los últimos 20 años. En España, el número de personas que la consume de manera habitual ha pasado del 4% al 7% de la población.


La marihuana se obtiene de la planta Cannabis sativa y su utilización tiene una historia de 10 mil años, como consecuencia del desarrollo de la agricultura. La planta tiene más de 400 compuestos, incluyendo 60 tipos de canabinoides. Inicialmente se utilizaban todas las partes de la planta para diferentes usos domésticos.


Hace aproximadamente 4000 años en China se difunde su uso, por sus propiedades terapéuticas. Más adelante, se extienden a la India y el medio oriente, llegando hasta la civilización romana. Está documentado que Galeno la utilizaba para tratar quistes y tumores. Sin embargo, no quiero extenderme sobre la historia de sus “idas y venidas” y usos terapéuticos.


¿Es lo mismo la marihuana que el hachís?

La marihuana se extrae de las copas de las flores secas de la planta. Por su parte, el hachís se extrae en forma de resina, de los cristales que hay en los bordes exteriores de la planta. El principio activo de ambos es el THC o Tetrahidrocannabinol.


Tanto para la marihuana como para el hachís se ha establecido que el porro es la vía más común para su consumo. El porro no es más que un cigarro liado con marihuana o hachís, que puede estar mezclado o no con tabaco.

La principal diferencia entre la marihuana y el hachís es la concentración de THC con efectos sobre el sistema nervioso. La concentración de THC en el hachís puede triplicar la de la marihuana. Se ha podido determinar que la media de cannabis en un porro estándar suele ser de 0.25 gr, da igual que contenga marihuana o hachís.


Mitos sobre el consumo de cannabis

En la página Web del Plan Nacional Sobre Drogas se muestran los mitos y realidades sobre el consumo de cannabis. El primer mito alude a que es inofensiva, dado que es un producto natural. Ello le da la etiqueta de “droga ecológica” que contribuye al relax y la paz mundial.


Otro mito alude a que los jóvenes la consumen porque esta prohibido y que su legalización contribuiría a la disminución del consumo. Este mito cae por su propio peso, dado que las sustancias más consumidas por los jóvenes (alcohol y tabaco) son legales.


El tercer mito tiene que ver con los potenciales efectos terapéuticos, por lo que fumarse un porro de vez en cuando tendría efectos de prevención de salud. El cuarto es que su consumo se controla fácilmente, por lo que no produce adicción.

El quinto y último mito, es que fumar cannabis es mucho más saludable que fumar tabaco. Tanto el tabaco como el cannabis contienen componentes nocivos comunes y las concentraciones de los mismos unido a la forma en la que se fuma, hace que el cannabis se convierta un reemplazo más nocivo.


Daños cognitivos y episodios psicóticos

Todos los mitos sobre su consumo pueden ser evaluados a la luz de las consecuencias que trae para la salud. Muchos la consideran erróneamente como una “droga blanda”, ya que sirve como puerta de entrada a otras sustancias.

El propio concepto de “droga blanda” es rebatible, dado los notables desajustes psicológicos que provoca. Aunque están documentados los daños sobre la motivación, atención, memoria y procesamiento de emociones (que varían en dependencia de la dosis y edad de inicio del consumo), un gran problema es su relación con los brotes psicóticos.


Un seguimiento de 27 años realizado a más de 50mil reclutas suecos, demostró que el 13% de los diagnósticos de esquizofrenia podrían haberse evitado solo con eliminar el uso de la marihuana. La encuesta se realizó al 97% de toda la población masculina del país de 18 a 20 años entre 1969 y 1970. Los resultados fueron publicados en 2002 en The British Medical Journal(BMJ).


Tras 15 años de seguimiento a estas mismas personas se observó que era 50 veces más probable desarrollar esquizofrenia en los sujetos que reportaron consumir marihuana. Otro estudio revela que el trastorno por consumo de cannabis es un importante factor de riesgo de conductas violentas en los pacientes que desarrollan un trastorno psicótico.


Por último, un estudio realizado en Canadá (donde se ha legalizado el cannabis) y publicado en septiembre de 2018 en el Journal of Psychiatry and Brain Sicence, concluye que el uso crónico del cannabis puede contribuir a la aparición de trastornos psiquiátricos severos, más allá de los que se reportan en los episodios de intoxicación aguda.


Ello pone en evidencia el mito de que el consumo recreativo de la marihuana puede ser positivo. De hecho, se sugiere que el uso terapéutico de la marihuana debería ser valorado una vez que la enfermedad esté diagnosticada y exista evidencia de su efectividad.


¿Qué pasa con el cerebro del adolescente?

Un punto importante es que muchos adolescentes se inician en el consumo del cannabis antes que en el del tabaco. Durante la adolescencia el cerebro sigue su desarrollo y muchos procesos y funciones se consolidan en esta etapa.

Una de las funciones más importante que logra su consolidación al final de esta etapa es el autocontrol. La regulación del sueño, apetito, emociones, memoria y movimiento son otros costes del consumo de cannabis durante esta etapa. Diversos estudios con neuroimágenes han mostrado la atrofia de la amígdala y el hipocampo en adolescentes que consumen marihuana de forma habitual, cuestión que provoca importantes limitaciones en la memoria y el procesamiento de las emociones.


El consumo de cannabis durante la adolescencia afecta la correcta consolidación del autocontrol y ello pasa factura a las etapas siguientes. Cuestión que refuerza la idea de que es importante dejar la marihuana.


¿Cómo dejar la marihuana?

Los grupos de ayuda mutua suelen ser un recurso muy utilizado. Sin embargo, un estudio realizado en Estados Unidos muestra que los consumidores de cannabis son los que menos tasa de asistencia tienen.


Quizás se deba a que son los que más temprano inician su consumo (16 años como media) y más pronto busquen ayuda (antes de los 30). Es probable que a personas jóvenes este programa de ayuda mutua no les resulte tan atractivo como a otros de mayor edad.


No obstante, dejar la marihuana es posible. Otro estudio que evaluó a un grupo de personas que lograron recuperarse de su adicción determinó que: se focalizaban en las razones para el cambio; estaban comprometidos con las metas y objetivos diseñados para conseguirlo y podían vencer el autoengaño y la negación. Alrededor del 75% de los participantes recomendaban la búsqueda de ayuda como el camino más efectivo.


Un elemento interesante consiste en diferenciar a las personas que buscan ayuda de aquellos que lo logran por sí mismos. Se pudo establecer que los primeros solicitaron ayuda profesional, apoyo de grupos de ayuda mutua y se enfocaron en la gestión de los problemas que se encontraban en la base de su consumo. Este grupo de personas manifestaba in gran compromiso con la abstinencia.

Por su parte, los que lo hacían por sí mismos se enfocaban en la fuerza de voluntad y las razones para realizar el cambio. Debo puntualizar que estos estaban más focalizados en la reducción de daños. Ello quiere decir que se permiten consumir de vez en cuando o cantidades pequeñas.


Para dar solución al problema de las adicciones opino que es necesario un compromiso con la abstinencia. Se ha comprobado que poner a prueba la fuerza de voluntad ante la sustancia de elección no suele traer buenos resultados.

Hay razones suficientes para no iniciar el consumo de cannabis. No obstante, parecen no ser suficientes para convencer al muchos sobre sus inconvenientes.

Para finalizar diré que para aquellos que sienten que tienen un problema existe solución. ¡Dejar la marihuana es posible! El camino es más fácil si buscan ayuda y mantienen un compromiso con la abstinencia.


¡Feliz semana!

Boris C. Rodríguez-Martín PhD

0 visualizaciones0 comentarios
bottom of page