Adicciones, soledad y aislamiento




La adicción es una enfermedad que, en la medida que evoluciona, lleva a aquellos que la padecen a estar cada vez más aislados y sentirse cada vez más solos. Cuando se ha desarrollado una dependencia por una o varias sustancias la voluntad queda secuestrada, llevando a las personas a saltarse muchas líneas rojas en su conducta. Aunque los mecanismos de dependencia de las llamadas adicciones comportamentales son algo diferentes, pero las consecuencias son similares.


Los que padecen la enfermedad de la adicción comienzan a experimentar las críticas, el enfado, rechazo o hartazgo de los demás, entre otras muchas consecuencias. Muchos prometen cambiar, desean y quieren cambiar, pero simplemente no pueden. Como bien suele señalarse, en el mundo de las adicciones “querer no es poder”.


En este camino, la adicción se va cobrando la salud y muchas áreas del funcionamiento psico-social de las personas que caen en sus garras. Tristemente suele ser frecuente que se pierda la salud, la familia, el trabajo y el dinero. Tampoco son pocos los que terminan teniendo problemas judiciales y llegan a ingresar en prisión.


Se llega al punto en que consumir deja de ser divertido y se convierte en un remedio temporal para calmar el malestar que produce la abstinencia. En la Clínica Recal para el Tratamiento de las Adicciones he escuchado testimonios de personas que se desesperaban y lloraban mientras consumían, porque no querían hacerlo, sabían lo que pasaría si lo hacían, pero no podían evitarlo. Se sentían atrapadas y esclavizadas por la sustancia.


Sin realizar este pequeño preámbulo quizás resulte difícil entender la relación que existe entre la adicción, la soledad y el aislamiento. A su vez, soledad y aislamiento son dos conceptos que pertenecen a vivencias distintas que trataré de explicar en este post.


Soledad y aislamiento social.

La investigación ha separado ambos conceptos. El aislamiento social puede medirse de forma objetiva por la cantidad de contactos que una persona tiene con otras, dentro de las que destacan familiares o amigos. Por tanto, las personas que se encuentran en una situación de aislamiento social son aquellas que tienen un contacto mínimo o nulo con las que deben conformar sus redes de apoyo.


La soledad, por su parte, es una vivencia más subjetiva y, según algunos investigadores, puede clasificarse en emocional, relacional o colectiva. En primer lugar, la soledad emocional es la vivencia de recibir menor afecto del deseado. Se trata de un grupo íntimo y pequeño de personas, que oscila entre una y cinco, a las se suele acudir cuando se está en apuros. Puede afectar por igual tanto a hombres como a mujeres.


En segundo lugar, la soledad relacional se caracteriza por la sensación de tener poca proximidad con los familiares y amigos más cercanos. Este tipo de soledad involucra al grupo de personas con las que simpatizamos. Por supuesto el número se incrementa, ubicándose entre 15 y 20. Desde un punto de vista de géneros, las mujeres parecen ser las más vulnerables.


Por último, la soledad colectiva parte de la percepción de sentirse poco valorado por los demás o por la sociedad. El número “mágico” es más grande y variable aun, abarcando un rango entre 150 y 1500 personas. Se trata de casi la totalidad de las personas con las que se interactúan. Se ha observado que parece afectar más a los hombres.


La relación que existe entre el aislamiento social, la soledad y la salud mental está bien documentada desde hace varias décadas. En España, la investigación sobre estos temas se encuentra más focalizada en los problemas que afectan a adultos mayores y ancianos.


Una búsqueda en Google académico usando ambos términos condujo a mas de 80.000 resultados, donde resulta difícil encontrar referencias a otras poblaciones. No obstante, también encontré estudios que vinculan estas vivencias con las adicciones.


La soledad y el aislamiento social en las adicciones

Aunque muchos de los estudios encontrados se enfocan en el uso compulsivo de Internet, las Redes Sociales, el uso del móvil o los videojuegos, existen datos interesantes que nos pueden ilustrar el curso de estas vivencias en las adicciones.


Partiendo de los conceptos previamente ofrecidos, resulta posible determinar objetivamente cuando una persona que padece una enfermedad de la adicción se encuentra aislado y tener una medida subjetiva de cuan solo se siente. Podríamos decir entonces que en el tema que nos ocupa la progresión podría evolucionar, como tendencia general, de la soledad al aislamiento y/o exclusión social para los casos más extremos.


Una persona puede sentirse sola aun cuando no tenga un número significativo de contactos con otros miembros de su familia y su grupo de amigos. Esta vivencia de soledad, matizando sus variantes, suele ser común en los adolescentes. Esta es una etapa donde se suele iniciar el consumo de muchas sustancias, dentro de las que destacan el tabaco, alcohol y porros.


De las múltiples historias de vida que he escuchado en la Clínica Recal, puedo concluir que motivación para iniciar el consumo de drogas suele tener un carácter predominantemente hedónico (diversión) o existencial (evasión). Dentro de estas últimas la sensación de soledad e incomprensión pueden ser importantes detonantes.


El aislamiento social como consecuencia de las conductas llevadas a cabo bajo los efectos de determinadas sustancias o de las adicciones comportamentales es un fondo al que nadie cree que llegará, pero se llega. Muchos dan por sentado que la familia siempre estará para venir al rescate, hasta que la propia familia toca su fondo.


Aunque no es lo más frecuente, he escuchado historias de padres que se han mudado sin dar la nueva dirección al familiar adicto. En algunos casos solo le dejan un número de móvil y en otras ni eso. Suele ocurrir porque la familia ha perdido la esperanza o simplemente es un límite que han establecido para protegerse, hasta que su familiar decida entrar en recuperación.


“Solo no puedo”: la ayuda mutua en la recuperación de adicciones.

Se dice que hay varios finales si la persona que padece la adicción no decide recuperarse; sin embargo, me gustaría enfocarme en aquel donde se toma la decisión de hacerlo. En este camino existe una solución para la soledad y el aislamiento social que funciona, a su vez, como una gran ayuda para mantener la abstinencia: los grupos de ayuda mutua para la recuperación de adicciones.


Los grupos de ayuda mutua suelen ser confraternidades de personas que persiguen un objetivo común: recuperarse de la enfermedad de la adicción. La participación en estos grupos implica la creación de una red de recuperación, que apunta directamente a línea de flotación del aislamiento social; pero solo mediante el grado de implicación del individuo con el programa de recuperación y las actividades del grupo, es que se logra vencer la vivencia de soledad.


En los grupos de ayuda mutua que siguen el programa de los 12 Pasos, la soledad es una vivencia que pone a la persona en manos de su enfermedad. Quizás debido a ello muchos han comprendido que para recuperarse se necesita ayuda, que es un camino que no se puede hacer en solitario.


¡Feliz semana!

Boris C. Rodríguez Martín PhD.



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