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Adicciones: más allá del concepto de enfermedad




La adicción es una enfermedad que no respeta sexo, edad, ni clases sociales. Se caracteriza por un conjunto de signos y síntomas, en los que se involucran factores biológicos, genéticos, psicológicos y sociales. Se estima que más de 30 millones de personas podrían necesitar tratamiento en todo el mundo.


En la adicción, la persona pierde su libertad ante la sustancia y se encuentra atrapada en un bucle de consumo que difícilmente puede parar sin ayuda. Además, la dependencia que generan las sustancias tiene una doble repercusión. Ocurre tanto a nivel físico como psicológico.


Se dice que existen tres fondos para la enfermedad de la adicción, si la persona que la padece no detiene el consumo y se recupera: hospital, cárcel o muerte.


Dado que la adicción es una enfermedad que cursa con pérdida de control y recaídas, siempre hay una esperanza de recuperación después de los dos primeros fondos. Lamentablemente, ello no es posible cuando se toca el fondo más temido: la muerte.


Aunque las muertes como consecuencia directa del consumo de tabaco superen los 8 millones de personas por año, las del alcohol los 3 millones y las de las drogas ilegales los 500.000 (me pregunto cuántas más serían si fueran legales), existen posturas que ven el consumo compulsivo como un problema, pero no consideran que la adicción sea una enfermedad.


En este post pretendo analizar algunos aspectos relacionados con el concepto y sus derivadas, que me llevan a concluir que la adicción es, en efecto, una enfermedad; pero también mucho más. Es un fenómeno que no puede quedar reducido a un simple diagnóstico.


Las personas que sufren la enfermedad de la adicción cargan con un estigma que, además de ser profundamente injusto, esconde otras aristas que desvía la atención sobre otros problemas estructurales, en un nivel que trasciende al individuo.


Mucho más que una enfermedad


Existen posiciones teóricas que postulan que las adicciones no deberían ser consideradas como una enfermedad. Alegan que más bien se trata de un hábito, explicado por numerosos factores y que la condición de cronicidad sobre la que se sostiene el respeto a la abstinencia es algo parecido a una quimera.


Para los que hemos trabajado en primera línea en los centros de recuperación, como la Clínica Recal para el Tratamiento de las Adicciones, resulta una postura difícil de comprender cuanto menos. Tampoco la OMS, los clasificadores diagnósticos o las principales instituciones de salud del mundo coinciden con ella.


No obstante, mis ideas no se reafirman sobre la base de la confrontación y la anulación de otros puntos de vista, sino sobre la comprensión de motivos y motivaciones. Por tanto, considero que tras estas posturas existen análisis de personas preparadas e inteligentes, que han detectado agujeros al paradigma de la adicción como enfermedad.


Debido a ello, estaré de acuerdo en una cosa: la concepción de la adicción como enfermedad nos limita para entender el problema en su totalidad. Explicaré por qué lo creo a continuación.


Si reducimos todo el problema del consumo, abuso y dependencia de una o varias sustancias y/o comportamientos a una enfermedad, toda la responsabilidad recae sobre el individuo y la solución está solamente en manos de los servicios de salud. En definitiva, sería algo así como “podemos ser permisivos con el consumo y al que se le ‘vaya la pinza’ que se busque un tratamiento”.


La realidad nos muestra que no es así, sobre todo si tenemos en cuenta la estrecha relación entre las distintas instituciones y organismos que hacen frente a este problema. Los propios esquemas de recuperación muestran lo complejo que es este proceso y que no bastan 28 o 90 días de internamiento en un centro, sino que se necesita también ayuda para la reinserción.


En la Clínica Recal el trabajo continúa una vez que finaliza el internamiento en el centro. Se brinda ayuda al paciente para prevenir recaídas, construir nuevas redes de apoyo, alejarse de entornos y viejas compañías de consumo e incluso encontrar un trabajo. Para ello se han establecido convenios con otras fundaciones, centros e instituciones con las que se colabora estrechamente.


También los grupos de ayuda mutua para la recuperación, donde los de 12 Pasos tienen una larga historia y resultados refuerzan esta idea. Estos no son grupos de tratamiento clínico, sino redes de apoyo social que se autogestionan, tanto para ayudar a aquellas personas que sufren la enfermedad de la adicción como a sus familiares.


La negación de la sociedad y un estigma muy conveniente


Mucho se habla de la negación como mecanismo de afrontamiento de la persona que sufre la enfermedad de la adicción para no hacer frente al problema. Mucho se habla también del estigma con el que la sociedad condena a aquellos que la padecen. Sin embargo, poco se habla de la negación que, a nivel social, existe sobre el trasfondo del problema y la responsabilidad colectiva.


Con el paso del tiempo la persona que sufre la enfermedad de la adicción va dejando de ser considerado un “vicioso” para ser considerado un enfermo que necesita ayuda y tratamiento. Reducir el estigma es uno de los objetivos de la Fundación Recal. Sin dudas es un gran avance, pero sigue limitando la visión del problema al enfocarlo únicamente sobre el individuo y dejar fuera el trasfondo.


“El problema son los adictos, no el medicamento” es una estrategia utilizada con demasiada frecuencia, con la que muchas compañías suelen lavarse las manos cuando diseñan un medicamento o producto que se sabe que va a detonar compulsión. Invito a los lectores ver la serie Dopesic en Disney+ para que vean un ejemplo de lo que, a mi juicio, es la regla y no la excepción.


Ha costado décadas poner algunos límites a la industria del tabaco, el alcohol y el juego, pero se abren nuevos frentes con la legalización del cannabis en algunos países y el debate en otros. Eso sin hablar del lado oscuro de la industria de los videojuegos o las propias redes sociales.


En definitiva, es más fácil tener a los “adictos y su falta de control” para no reconocer problemas estructurales más profundos. El problema son los números, con sus famosos datos de prevalencia e incidencia. LA ADICCIÓN ES UNA ENFERMEDAD QUE DEBERÍA SER RESIDUAL Y NO ALCANZAR LOS NIVELES QUE MUESTRAN TODOS LOS INFORMES DE SALUD.


El número de consumidores de sustancias crece y el número de comportamientos que detonan compulsión es cada vez mayor. Algo no va bien y no es solo “un problema de los adictos”.


La sociedad debería hacerse mirar la tolerancia y la indulgencia con la que acepta, alienta y respalda el consumo. La sociedad también debería hacerse mirar los valores hedonistas que promueve. ¡NO SE TRATA DE PROHIBIR SINO DE EDUCAR!


“Solo por hoy”: la solución salomónica


Vencer la negación a nivel social es una tarea compleja. Hace falta una evolución de la conciencia que suele tomar tiempo en calar en el individuo. Pensemos en el proceso que siguen otros problemas estructurales como el racismo o la brecha de género, donde existe conciencia, pero queda mucho camino por andar aún.


Desde la perspectiva que se mire, enfermedad o no, existe acuerdo en que este es un problema que destroza la vida de millones de personas y familias en todo el mundo. Sobre esta base, y hasta que la sociedad mire su parte, parece que la única solución está en la elección individual.


Elegir la abstinencia puede ser la decisión más inteligente de aquellos para los que el consumo se ha convertido en un problema. Muchos necesitarán ayuda para lograrlo y evitar las recaídas.


En este proceso muchas personas no se consideran a sí mismos como enfermos o les cuesta rendirse ante la idea de que no pueden consumir “nunca más”. El programa de los 12 Pasos tiene una frase que me gusta y resuelve el problema: “solo por hoy”.


En lo que se vence la negación y se despierta la conciencia individual se invita al individuo a mantenerse abstinente durante 24 horas. Es una meta pequeña y nada sencilla, pero mucho más procesable y llevadera. Un compromiso con el día presente y que se renueva día a día.


Quisiera terminar este post diciendo que LA ADICCIÓN ES UNA ENFERMEDAD QUE CAUSA MUCHAS MUERTES, SUFRIMIENTO Y DOLOR tanto al que la padece como a la familia, entorno y sociedad desde un punto de vista más amplio. Puedo añadir que falta mucho camino por recorrer hasta que la sociedad mire su parte y venza su negación.


En lo que eso llega, la solución más inteligente para el que padece esta enfermedad está en vencer su propia negación y buscar ayuda. Invitamos a todo aquel que vea que el consumo les causa problemas en distintas áreas de su vida a probar a mantenerse abstinente “solo por hoy”.


¡Feliz semana!

Boris C. Rodríguez Martín PhD.

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