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Adicción en jóvenes y las dimensiones de la impulsividad




El rápido incremento de la adicción en jóvenes se está convirtiendo en un serio problema para la salud y la sociedad en general. Los mitos hacia que existen sobre el consumo de determinadas sustancias, la permisividad hacia otras, la facilidad con la que se pueden enganchar a algunos comportamientos o el tiempo que pierden frente al móvil y las redes sociales hacen que sea inteligente preguntarse si no estamos poniendo en riesgo el futuro de todos.


La adolescencia y la juventud son etapas difíciles para muchas personas. La nota informativa de la Organización Mundial de la Salud del 18 de enero del 2021 nos dice que durante 2019 murieron cada día alrededor de 5000 adolescentes y jóvenes (10-24 años de edad), en todo el mundo. Las principales causas fueron lesiones y traumatismos, violencia, conductas autolesivas y dolencias ligadas a la maternidad.


La misma nota nos dice que la mitad de todos los trastornos que afectan la salud mental tienen su inicio antes de los 14 años, pero no son detectados ni tratados en la mayoría de los casos. En este sentido, se presta especial atención al riesgo que representa el inicio del consumo de sustancias en esta etapa evolutiva: “el abuso de sustancias afecta a las personas jóvenes de forma desproporcionada en comparación con las personas de más edad”.


Desde la Clínica Recal trabajamos desde la prevención y hemos dedicado un conjunto de post a analizar este tema desde distintas aristas. He analizado por qué somos permisivos con el consumo de alcohol en los jóvenes o indicado el rol de los grupos de ayuda mutua en la recuperación de adicciones, por solo señalar dos de los temas más relevantes que he tocado.


Un elemento clave que en el que debemos focalizarnos es en la relación que existe entre impulsividad y adicciones. En este post analizaré la relación que existe entre las dimensiones de la impulsividad y las conductas de riesgo que favorecen el desarrollo de las adicciones entre los jóvenes. La primera interrogante que debemos responder es si la impulsividad es siempre disfuncional.


Impulsividad funcional y disfuncional

La impulsividad puede ser definida de forma sencilla como la tendencia hacia una toma de decisiones y ejecución de acciones sin mucha inhibición conductual y con un bajo nivel de reflexión personal sobre las consecuencias a largo plazo que puedan tener.


De forma general parece que toda conducta impulsiva parece ser perjudicial, pero en la vida no todo es blanco y negro. Debido a ello prefiero centrarme en los elementos funcionales de una conducta. ¿Cuándo es funcional la impulsividad?

No se trata de que una lleva a resultados positivos y la otra a negativos, dado que se pueden tomar decisiones impulsivas funcionales cuyos resultados sean negativos. La funcionalidad de la impulsividad no se puede reducir a los resultados a mediano o largo plazo de la toma de decisiones. Ambos tipos de impulsividad se pueden distinguir atendiendo a la velocidad, objetividad y precisión con la que se puede procesar la información, la efectividad de las decisiones tomadas y sus resultados.


Hay decisiones importantes que necesitan ser tomadas a gran velocidad y que son muy funcionales. Muchas situaciones de emergencia donde hay vidas en juego lo ponen de manifiesto, así como otras situaciones de la vida cotidiana con menor carga dramática.


La diferencia fundamental radica que en la impulsividad disfuncional se orienta hacia la obtención de experiencias hedonistas, novedosas y la gratificación sensorial. Debido a ello, los adolescentes y jóvenes se encuentran en riesgo de desarrollar un patrón disfuncional de toma de decisiones impulsivas si les dejamos sin la guía adecuada.


La impulsividad y sus dimensiones

Por otro lado, la impulsividad es un concepto multidimensional. Para algunos autores se trata de la combinación de un conjunto de rasgos de personalidad.

Si combinamos tendencia a tomar decisiones apresuradas, con escasa o nula planificación o previsión en personas nada perseverantes (ej. tienden a dejar las tareas a medias o a posponer su realización) que buscan constantemente nuevas sensaciones (entendidas como aquellas que estimulan el placer sensorial) tendremos la mezcla perfecta de rasgos que nos permiten hablar de una persona impulsiva.


Se conoce que la impulsividad y sus componentes juegan un importante rol en el desarrollo de las adicciones. Una etapa de alto riesgo es la adolescencia, pues es donde los chicos suelen experimentar con diversas sustancias o comportamientos con potencial adictivo. Ello ocurre porque se dan las condiciones adecuadas para desencadenar la tormenta perfecta, pues es una etapa que se caracteriza por la toma de decisiones impulsivas.


Un metaanálisis de 96 estudios ha relacionado la presencia de las decisiones impulsivas en la adolescencia con un elevado consumo de alcohol. Otra investigación que analizó los resultados de 34 estudios encontró ciertas relaciones entre las consecuencias negativas del consumo del cannabis en la adolescencia y determinados rasgos de la impulsividad como la búsqueda de sensaciones, la falta de premeditación y los impulsos negativos. De manera similar ocurre con otras sustancias ilegales.


Hay dos caminos que conducen al incremento del consumo de sustancias en la adolescencia: 1) sentirse bien y 2) evitar estar mal. Aunque parezcan metas similares, no deben ser confundidas desde un punto de vista psicológico, porque son bien diferentes.


La falta de perseverancia incrementa el riesgo de adicción en jóvenes

El juego, las compras, el uso compulsivo de videojuegos, pornografía o comer compulsivamente, entre otros, son importantes retos a los que se enfrenta la sociedad actual. Por ejemplo, existe evidencia de que los jóvenes con elevada impulsividad y un estatus socioeconómico bajo se encuentran en mayor riesgo de desarrollar una adicción al juego que sus contrapartes con mayor estatus socioeconómico.


Sin embargo, la relación que muestran los componentes de la impulsividad en los adolescentes no ha recibido tanta atención como lo han hecho los diversos trastornos por consumo de sustancias. Para avanzar más en la comprensión de este problema un grupo de investigadores se propuso investigar esta relación en una muestra de adolescentes y jóvenes. Los resultados de este estudio fueron publicados en el Journal of Behavioral Addictions.


De forma general todos los componentes de la impulsividad podían se asociaban al desarrollo de comportamientos con potencial adictivo. Dentro de ellos destacaron la falta de perseverancia y la búsqueda de sensaciones, sobre todo para el uso de pornografía o comer compulsivamente.


También encontraron interesantes diferencias de género. Por ejemplo, las tasas de consumo de cánnabis, pornografía o juegos online fueron inferiores en las mujeres, pero ocurría todo lo contrario cuando se trataba de comer de forma compulsiva.

Estos resultados ofrecen no solo un diagnóstico del problema sino importantes implicaciones para los programas de prevención y las estrategias de intervención que deben usarse. Trabajar la perseverancia como valor desde las etapas más tempranas puede resultar una herramienta preventiva de gran valor. Como bien se dice, prevenir es mejor que curar.


A modo de conclusión

En 2019 murieron en el mundo alrededor de 5000 adolescentes y jóvenes cada día (10-24 años). Las principales causas fueron lesiones y traumatismos, violencia, conductas autolesivas y dolencias ligadas a la maternidad.


La mitad de todos los trastornos que afectan la salud mental tienen su inicio antes de los 14 años, pero no son detectados ni tratados en la mayoría de los casos. En este sentido, se debe prestar especial atención al riesgo que representa el inicio del consumo de sustancias en esta etapa.


Un elemento clave al que se debe prestar atención es a la impulsividad y sus dimensiones. La impulsividad puede ser funcional o disfuncional. La impulsividad disfuncional está mayormente orientada hacia las experiencias hedonistas, novedosas y con elevada gratificación sensorial.


La toma de decisiones impulsivas disfuncionales se encuentra en la base del elevado consumo de alcohol y otras drogas en la adolescencia. En el caso del cannabis hay que prestar atención, además, a la búsqueda de sensaciones y la escasa premeditación a la hora de tomar decisiones.


En el caso de los comportamientos con potencial adictivo se observó una interesante relación con la falta de perseverancia. Trabajar la perseverancia como valor desde las etapas más tempranas puede resultar una herramienta preventiva de gran valor: ¡prevenir es mejor que curar!


¡Feliz semana!

Boris C. Rodríguez Martín PhD.



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