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Abuso de medicamentos tranquilizantes: COVID-19, desastres naturales y economía

Actualizado: 13 nov 2021




En la Clínica Recal hemos observado un incremento del número de llamadas para pedir ayuda por abuso de tranquilizantes. Si miramos por la ventana, el panorama está como para ponernos los pelos de punta.


Para empezar, seguimos sufriendo los efectos de la COVID-19. A esto hay que añadir las consecuencias del cambio climático que cada vez se deja sentir con más fuerza en España y en el mundo. Además de estar más expuestos a los efectos de los fenómenos meteorológicos extremos, ahora hay que añadir la erupción del volcán de La Palma.


Los temas económicos tampoco dejan respiro con la que se avecina y la subida del precio de la electricidad lo pone más cuesta arriba aún. ¡Qué decir de la indisciplina social! Solo hay que mirar las noticias sobre los macrobotellones, que afectan la convivencia en numerosas ciudades de España. Eso sin contar los temas de siempre, que acaparan titulares en la prensa.


Por ello, no resulta extraño que muchas personas recurran de vez en cuando a medicamentos con efecto tranquilizante. Esto no está mal si es un recurso temporal y está prescrito por el médico de cabecera o por un psiquiatra.


El problema surge cuando se vuelve el único recurso de la persona para afrontar la ansiedad y el estrés. Peor aún, cuando se vuelve el único recurso con el que cuentan los médicos de atención primaria o los psiquiatras. En un post anterior que escribí sobre este asunto, me hacía eco de la epidemia silenciosa que representaba la prescripción y el consumo de psicofármacos.


Es conocido el déficit de psicólogos sanitarios en el Sistema Nacional de Salud de España, que tiene una ratio ridículamente baja (6/100000) para brindar unos servicios mínimos adecuados a los numerosos problemas de salud mental por los que las personas piden ayuda. Debo aclarar el abuso de medicamentos de prescripción médica va más allá de los tranquilizantes.


¿Qué son los tranquilizantes?

Los tranquilizantes se insertan dentro de los medicamentos depresores del sistema nervioso central junto con los sedantes e hipnóticos. En este grupo de medicamentos tranquilizantes se agrupan las benzodiacepinas, los relajantes musculares y los ansiolíticos. De forma general, estas drogas ralentizan la actividad del cerebro y suelen ser útiles para tratar la ansiedad, el pánico, las reacciones de estrés y los trastornos del sueño.


El abuso de tranquilizantes es hoy un importante problema de salud con serias consecuencias documentadas. Tal es así, que en los Estados Unidos se llevó a cabo un estudio para predecir el mal uso de los tranquilizantes de prescripción médica con una muestra que sumó casi medio millón de personas.


En agosto de este mismo año se publicaba en Drug and Alcohol Dependence un estudio llevado a cabo en España con más de 800 personas. Los autores se enfocaban en detectar los factores psicosociales que pueden influir en el abuso de los medicamentos tranquilizantes.


Los resultados revelaron que las actitudes hacia este tipo de medicamentos se asociaban fuertemente con el abuso de estos. Por ejemplo, no seguir la prescripción del médico, almacenar “sobrante” y la autoadministración son factores directamente relacionados, aunque existen otros.


Benzodiacepinas: los “sospechosos habituales”

Las benzodiacepinas suelen ser los tranquilizantes de los que más se abusa. Orfildal, Lexatín, Valium, Tranxilium, Trankimazin son los sospechosos habituales. Lamentablemente, son nombres demasiado difundidos y conocidos por la población. Su consumo suele incrementarse en personas mayores de 35 años, casadas y con hijos.


No es poca broma, el consumo se inicia sobre los 14 años y se estima que cerca del 3% de la población en España podría reportar un patrón de abuso. Hoy en día este porcentaje podría ser mucho mayor. Más del 10% de las personas que los consumen los suelen adquirir sin receta médica, aunque sea relativamente sencillo obtener una.


Solamente este año 2021 se han publicado numerosas revisiones y estudios sobre el tema. Por ejemplo, en el mes de febrero se publicó un estudio en Medicine, Science and the Law que aportaba los datos del proceso de desintoxicación por consumo de elevadas dosis de benzodiacepinas en más de 1200 personas, tratadas desde 2003 en la Unidad de Adicciones del Hospital de Verona en Italia.

También se ha observado que muchas personas que tienden a abusar de las benzodiacepinas también muestran un historial de consumo de otras sustancias. La combinación de estos medicamentos con el alcohol suele ser bastante frecuente.


Un estudio publicado en Substance Use & Misuse identificó tres perfiles de policonsumo, que guardan estrecha relación con el abuso de tranquilizantes. La muestra se compuso de más de 1200 personas, que habían abusado de estos medicamentos durante el mes previo. Alrededor del 50% tenía poco riesgo de mostrar un patrón de policonsumo; sin embargo, cerca del 30% los combinaba con alcohol o cannabis y más del 15% con opioides.

Reconocer el problema y pedir ayuda

Es verdad que vivimos en un mundo lleno de amenazas y eventos estresantes, la rumiación, las preocupaciones y las obsesiones están a la orden del día. Sentir tensión o tener problemas del sueño se vuelve algo común. Por tanto, no es de extrañar que las personas necesiten recurrir a estos medicamentos de vez en cuando.


Para muchos será algo pasajero y seguirán adelante, pero otros quedarán atrapados por su efecto. Los tranquilizantes se convertirán en su única estrategia de afrontamiento. Ser conscientes de este patrón de dependencia les tomará un tiempo y vencer la vergüenza para pedir ayuda un poco más.


A la familia, pareja o amigos les pasará algo similar. En definitiva, no son drogas ilegales, si las prescribe un médico todo está bien. Lo que no ven es cómo el que sufre este problema miente o exagera sus síntomas en consulta para mantenerse “surtido”.


En la consulta médica podrían darse cuenta mucho antes del patrón de abuso, si tuvieran más de 7 minutos para hacer la entrevista. También podrían prevenirlo directamente, si tuvieran un servicio de psicología con capacidad para hacerse cargo de todos estos casos.


Reconocer el problema es el primer paso, pedir ayuda el segundo y aceptar la ayuda el tercero. Son tres pasos muy importantes que debe dar todo aquel que crea que el consumo de tranquilizantes se ha convertido en un problema para su vida.

A modo de conclusión

El abuso de tranquilizantes es hoy un importante problema de salud con serias consecuencias documentadas. Las benzodiacepinas suelen ser los tranquilizantes de los que más se abusa.


Los problemas psicosociales generados por que vivimos en un mundo lleno de pandemias, catástrofes naturales, amenazas y eventos estresantes, puede generar que la rumiación, las preocupaciones y las obsesiones están a la orden del día.

En este contexto, no resulta extraño que muchas personas recurran de vez en cuando a medicamentos con efecto tranquilizante. Esto no está mal si es un recurso temporal y está prescrito por el médico de cabecera o por un psiquiatra.

El problema surge cuando se vuelve el único recurso de la persona para afrontar la ansiedad y el estrés. Peor aún, cuando se vuelve el único recurso con el que cuentan los médicos de atención primaria o los psiquiatras.


El consumo se inicia sobre los 14 años y suele incrementarse en personas mayores de 35 años, casadas y con hijos. Se estima que cerca del 3% de la población en España podría reportar un patrón de abuso.


Es importante vencer el estigma y la vergüenza, reconocer el problema y tener el valor para pedir ayuda.


¡Feliz semana!

Boris C. Rodríguez Martín PhD.

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